El emblema gay de la Guardia Civil

No podía ser que la Benemérita hubiera modificado su emblema bicentenario para incluir la bandera del arco iris como homenaje institucional a las fiestas del Orgullo LGTBI. El duque de Ahumada se retorcería en su tumba de vergüenza.

El emblema gay de la Guardia Civil

Cuando me dijeron que la Guardia Civil había orlado su emblema con los colores de la bandera del arco iris, no me lo creía. Tenía que ser una broma. Fake news, como llaman ahora a las noticias falsas. No podía ser -pensaba yo- que la Benemérita hubiera modificado su emblema bicentenario para incluir la bandera del arco iris como homenaje institucional a las fiestas del Orgullo LGTBI (MADO’19) que se celebran en Madrid. El duque de Ahumada se retorcería en su tumba de vergüenza.

Pero era cierto. Para mi sorpresa, nadie había hackeado la página oficial de la Guardia Civil. Quien pudo (la dirección política del instituto armado, supongo; o sea, el ministro Grande-Marlaska, tan orgullosamente homosexual) dio la orden y la Guardia Civil obedeció disciplinadamente. Y digo para mi sorpresa porque en todos los Ejércitos y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del mundo, el respeto a sus tradiciones y símbolos es norma universal y parte esencial de su liturgia. Y porque, desde luego en España, no es legal -ni legítimo-, que los símbolos de las instituciones que representan al Estado y están al servicio de todos los ciudadanos, se adulteren en beneficio o representación de intereses particulares o sectarios. Por muy legítimos que pudieran ser. Del mismo modo que sería impensable que los escudos y emblemas del Ejército, la Armada, la Casa Real o el Tribunal Supremo, pongamos por caso, se “adornasen” con los colores de una determinada comunidad autónoma, los de un equipo de fútbol, una entidad financiera, un partido político o una marca de refrescos. O con los colores de la bandera LGTBI.

A pesar de los cuarenta años que llevamos enredados en una permanente guerra de banderas en edificios públicos, ayuntamientos y parlamentos -ahí siguen los lazos amarillos con desprecio absoluto a la ley y las sentencias de los tribunales-, los símbolos institucionales habían permanecido, hasta ahora, razonablemente a salvo de los enemigos del Estado.

Sin embargo, gracias a la ineptitud, cobardía o connivencia de nuestros irresponsables políticos, las cosas están cambiando drásticamente. Golpes de Estado retransmitidos en directo, a cuyo cabecilla se le permite escapar de la acción de la justicia y hasta participar a distancia en las elecciones europeas, en lugar de extraditarlo, juzgarlo y meterlo en prisión. Aquelarres parlamentarios, con inverosímiles “juramentos” de diputados nacionales y autonómicos, mientras los presidentes de las Cámaras oyen extasiados el canto de los mirlos. O emblemas de la Guardia Civil con los colores del arco iris, tanto da.

Con todo, lo más triste de este funesto panorama es que el enemigo, impune y satisfecho, lo tenemos dentro.

Autor

Antonio Cabrera

Colaborador y columista en diversos medios de prensa, es autor de numerosos estudios cuantitativos para la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la Secretaría de Estado de la Defensa (SEDEF) en el marco del Comercio Exterior de Material de Defensa y Tecnologías de Doble Uso y de las Relaciones Bilaterales con EE.UU., así como con diferentes paises iberoamericanos y europeos elaborando informes de índole estratégica, científico-técnica, económica, demográfica y social.

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Colaborador y columista en diversos medios de prensa, es autor de numerosos estudios cuantitativos para la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la Secretaría de Estado de la Defensa (SEDEF) en el marco del Comercio Exterior de Material de Defensa y Tecnologías de Doble Uso y de las Relaciones Bilaterales con EE.UU., así como con diferentes paises iberoamericanos y europeos elaborando informes de índole estratégica, científico-técnica, económica, demográfica y social.

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