El votante de VOX puteado y perplejo (y III)

Las declaraciones de Abascal anunciando el «acercamiento» de VOX a PP y C’s para «conformar mayorías alternativas», a pesar de los ‘cordones sanitarios’, los desprecios y hasta los insultos de sus presuntos ‘socios’, habían alarmado al votante de VOX. Con las ‘negociaciones’ y ‘pactos’ que vinieron después sus más oscuros presagios se hicieron realidad.

Es intolerable y muy estúpido -decía nuestro votante a quien quisiera oírlo- que dos partidos (PP y C’s) pidan su voto a un tercero (VOX) para formar gobiernos con mayoría absoluta, y que al mismo tiempo impidan el legítimo derecho de ese partido, cuyos votos son imprescindibles para lograrlo, a formar parte de esos gobiernos -con mayoría absoluta, les recuerdo- en los términos proporcionales que correspondan a sus votos.

Y más bochornoso todavía que VOX lo asuma. Y más delirante aún -insistía- que habiendo aceptado no formar parte de esos gobiernos, se nieguen a consensuar con VOX acuerdos programáticos de legislatura, tripartitos y proporcionales a su respectivo número de votos. Y ya el colmo de los colmos, el rien ne va plus -tronaba indignado- es que VOX acepte cobardemente todos esos ninguneos, ‘trágalas’, ‘cordones sanitarios’ y ‘líneas rojas’ contrarias a la esencia de su programa político. Sin ninguna contrapartida. Que, a cambio de nada, renuncie a sus principios y actúe contra la voluntad de sus votantes -expresada en su programa electoral-, traicionando su mandato y malversando sus votos -nuestros votos- que no le dimos para eso -repetía didáctico-. No hemos votado a VOX simplemente para que no gobierne la izquierda. Y mucho menos para entregar el poder a ‘socios’ tan indeseables como PP y C’s, regalándoles nuestros votos para que puedan formar gobiernos con mayoría absoluta, y a cambio se nos excluya de los mismos despreciando a nuestros legítimos representantes.Y, para más inri, que se utilice nuestro voto para ejecutar políticas absolutamente contrarias a objetivos irrenunciables: derogación leyes LGTBI, adoctrinamiento escolar, pin parental, deportación de inmigrantes ilegales o ley de violencia intrafamiliar.

Así que no nos venga nadie con milongas -insistía, vehemente- Si se nos rechaza como socios de gobierno, no pasa nada. VOX se queda en la oposición y sus votantes lo apoyaremos con uñas y dientes. Que PP y C’s busquen en otro lado los apoyos necesarios y que se presenten a la investidura; y si tienen los votos suficientes que gobiernen en minoría. Todo lo demás es, pura y simplemente, un sucio, vil e inaceptable chantaje. Aceptarlo sería una actitud obtusa; incoherente, mezquina y cobarde. Una traición en toda regla de VOX a sus afiliados y votantes. Eso pensaba, furioso, el votante de VOX.

La cruda realidad era que por incompetencia, cobardía o motivos inconfesables la cúpula de VOX, a espaldas de sus votantes, los había traicionado definitivamente. Había sucumbido a chantajes estúpidos como que si no apoyaba incondicionalmente la formación de gobiernos del PP y C’s «sería responsable de que gobernara la izquierda». O que «Si seguís en la postura de pedir consejerías y otros cargos va ser malo para vosotros pues la opinión pública lo asimilará con una lucha por el poder y os lo hará pagar. Y si no hay pacto y tenemos que repetir elecciones, las encuestas no os dan buenos resultados», pontificaba, cínico, García Egea. Se lo decía a Rocío Monasterio, candidata de VOX a la Comunidad de Madrid y jefa de su equipo negociador, relegada a la condición de comparsa a pesar de sus 300.000 votos y doce diputados en la Asamblea. Hay que ser muy pardillo para caer en trampas tan groseras. Sobre todo cuando la izquierda más abyecta, por su disfraz, ya está en C’s y PP; y cuando desde la oposición, las tres supuestas ‘derechas’, con mayoría absoluta, podrían tumbar el presunto gobierno de ‘izquierdas’ en cuanto quisieran. Pero dejar el poder no estaba en los planes de C´s y PP (máximo beneficiario de estos ‘pactos’, pese a haber perdido cuatro millones de votos en las últimas elecciones generales); sobre todo contando con VOX como tonto útil.

¿Así cumple Abascal su palabra? -clamaba el votante de VOX, una vez confirmada la traición de su líder- ¿Dónde han quedado sus arengas desde las emisoras de radio y canales de televisión proclamando urbi et orbe cosas como esta?: «Por dignidad y por respeto a nuestros votantes no admitiremos más ‘trágalas’, ni más chantajes, ni más ‘papeles mojados’ como en Andalucía» O aquello otro tan trascendente: «Nosotros hemos venido a defender ideas y principios que C’s y PP no quieren defender. Nosotros no vamos a cambiar una coma de nuestro discurso; nosotros somos diferentes a otros partidos y nos vamos a comportar de manera diferente. Esa garantía la pueden tener los 2.700.000 españoles que han confiado en nosotros» Y remataba nuestro líder carismático su repertorio de promesas incumplidas diciéndonos: «Somos decisivos en muchos ayuntamientos y autonomías; que nadie dude que VOX hará valer la voluntad y la dignidad de sus votantes. No aceptaremos ‘trágalas’ ni chantajes. Prefiero el harakiri político, volver con el megáfono al banco de Sevilla donde comenzamos, antes que defraudar a quienes han confiado en nosotros» Bla, bla, bla, bla.

Efectivamente, Abascal permitió todo eso y mucho más. Permitió que con nuestros votos el PP (y C’s) alcanzaran el poder que no le habían dado las urnas. Repitiendo la vergüenza de Andalucía, tras las elecciones del 26-M había entregado incondicionalmente la mayoría absoluta al bipartito PP-C’s en todos los ayuntamientos y en las autonomías (Murcia, Madrid) donde sus votos eran decisivos, pasando indignamente a la oposición. Y digo indignamente porque el regalo de los votos de VOX no fue gratuito, aunque Espinosa de los Monteros se jactase, estúpidamente, de que VOX no quería «ningún cargo ni poltrona municipal» en ningún ayuntamiento de España; y que prometiera en vano -ahí están los últimos ‘pactos’ en Murcia y la Comunidad de Madrid para demostrarlo- el ejercicio de una «férrea oposición», a pesar de su estrepitosa incapacidad para imponer a sus presuntos ‘socios’ de gobierno ni uno de los ‘irrenunciables’ postulados políticos de VOX. Parole, parole, parole, que cantaba mi admirada Mina.

Contra lo que pudiera pensarse, el entreguismo de VOX, el regalo de gobiernos autonómicos y municipales al PP y C’s (el último, la Comunidad de Madrid a Isabel Díaz Ayuso, candidata del PP) no ha sido gratuito. Ha resultado objetivamente carísimo para el partido y su fiel electorado -casi tres millones de votantes objetivamente ninguneados, traicionados, puteados y perplejos- En primer lugar, porque el voto de VOX -utilísimo para el votante de la derecha sociológica, pero ‘inutilizado’ por dirigentes incapaces, vocingleros, cobardes y traidores-, transformado en un voto inútil, manso, cobarde y políticamente correcto (¡quién te ha visto y quién te ve!) pone de manifiesto que VOX es un partido perfectamente prescindible, y como tal, condenado a su desaparición más pronto que tarde. Y en segundo lugar, y mucho más importante: porque el voto de VOX, ‘inutilizado’ por sus pésimos dirigentes, ha servido para todo lo contrario de lo que querían sus votantes. Un voto perverso. De la mano de PP y C’s, este voto hará posible perpetuar allí dónde podrían haberse evitado -o modificado- leyes tan nefastas como las LGTBI, adoctrinamiento infantil, violencia de género, inmigración ilegal, aborto…; líneas rojas que alumbraron el nacimiento de VOX y que hoy han desaparecido sin combate. Silenciosamente.

Claro que el votante de VOX tenía infinitos motivos para sentirse perplejo y puteado por los dirigentes de su partido. Nunca en su vida había establecido lazos tan sentidos y profundos con un partido político. Ideológicos y emocionales. De ahí su enorme decepción, su profundísimo cabreo y su humillación al ver recompensada su lealtad, su compromiso, su trabajo y militancia siendo ignorado, engañado y traicionado por sus dirigentes, aquellos en quienes había confiado plenamente en un momento que él creía decisivo para el futuro de España.

Pero, a pesar de su lealtad, el votante de VOX que yo conozco no es un hooligan político. No es un fulano servil al líder carismático de turno, esclavo de unas siglas, sean las que sean, profundamente acrítico, incapaz de analizar los hechos y tomar racionalmente decisiones por encima de consignas partidistas, aunque sean equivocadas o contrarias al bien común. Por eso, este aguerrido votante de VOX, un tipo decente, expuso sus quejas al Comité Ejecutivo de su partido y se dio de baja. Nunca más volverá a votar a VOX. Y muy probablemente a ningún otro partido. Mala cosa, me decía, cuando hay que explicar lo obvio. Además, ya sabes que el esfuerzo inútil conduce a la melancolía, concluyó dirigiéndome una leve sonrisa.

No se por qué, la crónica de esta nueva traición al pueblo español -otra más- me ha recordado la frase de Benjamin J. Franklin: «La democracia son dos lobos y una oveja votando sobre qué hay para cenar. La libertad, un cordero bien armado impugnando la votación»

Post Scriptum
En la redacción de este artículo en el que analizo la reciente trayectoria de VOX he cometido un olvido imperdonable. No he mencionado al muy digno, honorable y valiente juez Francisco Serrano Castro -que junto a Ortega Lara son los referentes morales del partido y sus votantes-, diputado y presidente de VOX en el Parlamento de Andalucía.

Por olvido no referí la injusta e injustificada desautorización pública del juez Serrano por un tal Alejandro Hernández -todavía portavoz de VOX en el Parlamento andaluz-, y posteriormente ratificada por el propio Santiago Abascal, a propósito de unas declaraciones de Serrano sobre la sentencia del Supremo que condenó a los miembros de La Manada. En un próximo artículo comentaré con más detalle este lamentable suceso.

Autor

Antonio Cabrera

Colaborador y columista en diversos medios de prensa, es autor de numerosos estudios cuantitativos para la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la Secretaría de Estado de la Defensa (SEDEF) en el marco del Comercio Exterior de Material de Defensa y Tecnologías de Doble Uso y de las Relaciones Bilaterales con EE.UU., así como con diferentes paises iberoamericanos y europeos elaborando informes de índole estratégica, científico-técnica, económica, demográfica y social.

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Colaborador y columista en diversos medios de prensa, es autor de numerosos estudios cuantitativos para la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la Secretaría de Estado de la Defensa (SEDEF) en el marco del Comercio Exterior de Material de Defensa y Tecnologías de Doble Uso y de las Relaciones Bilaterales con EE.UU., así como con diferentes paises iberoamericanos y europeos elaborando informes de índole estratégica, científico-técnica, económica, demográfica y social.

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