Open Arms: entre el choteo y la descojonación

Los ‘rescatados’ por el Open Arms no son náufragos ni refugiados: no ha habido naufragio ni persecución política alguna, conforme al derecho internacional y de la UE.

Open Arms: entre el choteo y la descojonación

No sé qué les parecerá a ustedes, pero a mí lo del Open Arms y su dueño, Óscar Camps, me parece un choteo poliédrico y un enorme chantaje; al ciudadano europeo en general y al español e italiano en particular, auspiciado/consentido por políticos indecentes, pasotas, cobardes o incompetentes. Algo surrealista.

Mis conocimientos de Derecho marítimo son mínimos, así que me limitaré a exponer mi opinión como resultado de mi particular análisis de lo visto y leído sobre el asunto, que ha sido mucho en las últimas semanas. O sea, mi impresión personal e intransferible sobre esta supuesta ONG, que al amparo del buenismo inmisericorde y la dictadura de la corrección política que nos invade ha impuesto la mentira y el chantaje, ha vulnerado las leyes y ha manipulado a la opinión pública; y lo que es peor, ha instrumentalizado en su beneficio el sufrimiento y necesidad de los inmigrantes -colaborando con las mafias de traficantes de seres humanos- utilizándolos como mercancía para alcanzar sus objetivos políticos.

La colección de despropósitos, burlas y escarnios a la ley, a la soberanía de los Estados, las fronteras, la razón y el sentido común por parte del Open Arms y su ínclito titular es apabullante. Con infinitas caras. De ahí que mi calificación de sus ‘hazañas’ como choteo poliédrico se quede algo corta. Quizás calificarlas como descojonación de Espronceda -como hace mi amigo Juan, tan castizo él, para resumir la actuación chantajista y coactiva del Open Arms- sea más ajustada a la realidad. Más rotunda y descriptiva.

Choteo y descojonación desde el principio. Los ‘rescatados’ por el Open Arms no son náufragos ni refugiados: no ha habido naufragio ni persecución política alguna, conforme al derecho internacional y de la UE. Sólo son inmigrantes ilegales, embarcados clandestinamente en Libia por las mafias de trata de personas -modernos negreros a quienes pagaron sus ‘pasajes’- para transportarlos ilegalmente a Europa con la colaboración necesaria de las ONG de turno, en este caso Open Arms.

Por eso, Óscar Camps nunca aceptó desembarcar en el «país y puerto seguro» más próximo, cuando hace semanas pudo hacerlo -y no quiso- en Túnez o en Malta. Su objetivo nunca fue ‘salvar vidas’ sino llevar ilegalmente a los emigrantes a Europa (en este caso a Italia como enemigo político a batir) vulnerando sus leyes y sus fronteras para forzar la regularización de los ilegales por la vía del chantaje y de los hechos consumados: difamar y coaccionar a los poderes públicos que defienden sus fronteras y se atreven a decir alto y claro (Matteo Salvini) que no van a consentir que Italia sea el campo de ‘refugiados’ de Europa, enfrentándolos a sus ciudadanos, convenientemente aleccionados por sus poderosos lobbies y medios de comunicación afines.

Tan poderosos son esos lobbies que hasta Richard Gere -ese discreto actor millonario convertido en activista soplapollas- se permite el lujo, y tiene el poder suficiente, para llamar desde el Open Arms al presidente de Gobierno de España -y que éste coja el teléfono y charle con él- para reclamar un puerto seguro para los inmigrantes ilegales del Open Arms. Fuentes de Moncloa cuentan satisfechas que fue el propio actor quien llamó al presidente, que la conversación fue «muy cordial» y que ambos «se respetan y estiman». Toma del frasco Carrasco. A ver si esto no es la descojonación de Espronceda, me dice un pelín cabreado mi amigo Juan. También lo intentó con Salvini, prosigue didáctico, claro que con él no pudo hablar. Aunque el ministro italiano le respondió cumplidamente: «El generoso millonario anuncia su preocupación por los inmigrantes del Open Arms, se lo agradecemos: que lleve a Hollywood, en su avión privado, a todas las personas a bordo para meterlas en sus mansiones»

Y así todo este culebrón disparatado. Choteo sin límites de Open Arms hacia el gobierno español y sus autoridades portuarias. Desacato y reiterada desobediencia, etcétera. Tras estar bloqueado más de 100 días en Barcelona por incumplir no sé cuántos tratados y convenios internacionales, el barco zarpó en junio, pero sólo con permiso para transportar ayuda humanitaria, no para realizar tareas de salvamento y rescate en el Mediterráneo. Al volver a ‘rescatar’ emigrantes en la costa de Libia, la ONG de Camps -o lo que sea- ignoró la orden del director general de la Marina Mercante: si retomaba el rescate de inmigrantes sería sancionado con multas de hasta 901.000 € y ordenaría su regreso a puerto español «para hacer efectiva la paralización del barco».

Con estos antecedentes, la actitud del Ejecutivo de Sánchez no ha podido ser peor; más errática y sorprendente. De la firmeza al inicio de la ‘crisis’, cuando el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, decía que «no puede ser que España sea el único puerto seguro del Mediterráneo» o acusaba a la organización de ir de «abanderados de la humanidad» y la vicepresidenta Carmen Calvo también se desmarcaba de Open Arms, reprochando a la UE que España tuviera que soportar una «presión migratoria importantísima» rescatando inmigrantes «cada día» en la «frontera sur de Europa», se ha pasado a la sorprendente y repentina claudicación de Pedro Sánchez ante las insólitas exigencias de Óscar Camps, tras conocer, mira por dónde, la firme negativa de Salvini a que el barco desembarque en Lampedusa.

En una heroica huida adelante, Sánchez ha terminado cínicamente por arrogarse el papel de «liderar nuevamente la respuesta a una crisis humanitaria» ante «la situación de emergencia» a bordo del buque español. O sea, ofreció barra libre para que el Open Arms atracase en Algeciras. Óscar Camps, consciente de sus flagrantes incumplimientos y desobediencias con la Marina Mercante, rechazó la oferta de inmediato alegando la distancia hasta Algeciras. La nueva bajada de pantalones de Sánchez ofreciendo Palma de Mallorca o Mahón como puertos más próximos también fue rechazada. Estamos a 800 metros de Lampedusa; la situación de los inmigrantes en el barco es insostenible, mentía Camps con aplomo.

En ese momento, se produjo el suceso más delirante de esta historia surrealista. Pedro Sánchez, todavía presidente en funciones del Gobierno de España, sin encomendarse a Dios ni al Diablo, decidió que el Buque de Acción Marítima P45, Audaz, de la Armada española, un buque de guerra con 2.900 toneladas de desplazamiento, 100 metros de eslora y una dotación de 60 hombres, partiera de inmediato de Rota, donde estaba fondeado, navegase 1.000 millas hasta Lampedusa, y después de tres días de travesía, recogiera a los 83 inmigrantes que quedaban en el Open Arms y los trasladara sanos y salvos al puerto de Palma de Mallorca. Cuestiones políticas y económicas aparte ¿Para eso ha quedado la Armada española? No me negaran que con este guion Berlanga habría hecho una película extraordinaria. Mucho mejor que «La vaquilla» o «La escopeta nacional». Hubiera sido inolvidable.

Pero el azar es caprichoso; pocas horas después de que el Audaz iniciara su singladura, cuando todo parecía resuelto a plena satisfacción de Open Arms y contra los intereses del españolito de a pie -Matteo Salvini estaba pletórico- sucedió lo que parecía imposible. Un juez italiano ordenó el desembarco del Open Arms. Los 83 inmigrantes ilegales que quedaban desembarcaron entonando el «Bella Ciao», presumiblemente en italiano. Otro momento sublime de esta historia interminable.

Y entonces lo más atrabiliario y descacharrante. Cinco países se iban a repartir los inmigrantes: Portugal, España, Francia, Luxemburgo y Alemania. A España le tocaban quince. Hasta para Pedro Sánchez ese era un número muy pequeño para un barco de guerra tan grande, pensábamos Juan y yo. Además, el Audaz acababa de partir; seguramente Sánchez, en un rapto de lucidez, ordenaría su regreso a Rota y traería a los inmigrantes en avión, aunque fuera en clase business. Nos equivocábamos. Pedro Sánchez, hombre de sólidos principios, se mantuvo firme como una roca y el Audaz llegó puntualmente a Lampedusa a recoger sus quince inmigrantes de cuota. Pero no pudo atracar. Era demasiado grande. Pero eso es otra historia.

(Continuará)

Autor

Antonio Cabrera

Colaborador y columista en diversos medios de prensa, es autor de numerosos estudios cuantitativos para la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la Secretaría de Estado de la Defensa (SEDEF) en el marco del Comercio Exterior de Material de Defensa y Tecnologías de Doble Uso y de las Relaciones Bilaterales con EE.UU., así como con diferentes paises iberoamericanos y europeos elaborando informes de índole estratégica, científico-técnica, económica, demográfica y social.

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Colaborador y columista en diversos medios de prensa, es autor de numerosos estudios cuantitativos para la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la Secretaría de Estado de la Defensa (SEDEF) en el marco del Comercio Exterior de Material de Defensa y Tecnologías de Doble Uso y de las Relaciones Bilaterales con EE.UU., así como con diferentes paises iberoamericanos y europeos elaborando informes de índole estratégica, científico-técnica, económica, demográfica y social.

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