ENTREVISTA EXCLUSIVA A NICOLETTA MANTOVANI, VIUDA DEL TENOR

“Luciano Pavarotti jamás me escondió, nunca se avergonzó de mí y siempre me defendió»

“Luciano Pavarotti jamás me escondió, nunca se avergonzó de mí y siempre me defendió"

El viernes 10 de enero de 2020 se estrenó en España Pavarotti, un documental dirigido por Ron Howard (Apolo XIII, Una mente maravillosa) sobre la vida personal y profesional del tenor con mayor fama mundial de todos los tiempos. Periodista Digital ha hablado con su viuda, Nicoletta Mantovani, sobre Pavarotti, el amor, los malos momentos, Plácido Domingo, y la fundación Luciano Pavarotti, que ella preside.

POR GLORIA SCOLA

Nicoletta Mantovani las ha debido pasar canutas. Y de verdad. Sin embargo, la segunda mujer y viuda de Luciano Pavarotti es, en persona, todo sonrisas, amabilidad y simpatía. He aquí los hechos. Febrero de 1996. La revista italiana Chi publica unas fotos de Luciano Pavarotti (entonces, de 60 años) y su secretaria Nicoletta Mantovani (entonces, de 26) besándose en el mar de Barbados, en pleno Caribe. Es un escándalo mundial, sobre todo, en Italia. Pavarotti es el tenor más conocido del mundo, con estatus de superestrella, además de su prodigiosa y bellísima voz. Lleva más de 30 años casado con Adua Veroni, a pesar de que los rumores sobre su crisis matrimonial sean en ese momento constantes. Nicoletta Mantovani, por el contrario, no es nadie, solo una chica 34 años menor que su jefe, y, consecuentemente, sufre las despiadadas críticas de quienes sospechan que está con Pavarotti por su dinero. Lo cierto es que la relación entre ellos sigue, Pavarotti se divorcia de Adua Veroni en 2002, se casa con Nicoletta Mantovani en 2003 (con la hija común de ambos, nacida tres meses antes, en sus brazos), y hasta su muerte por cáncer de páncreas el 6 de septiembre de 2007, permanece junto a ella. Todo esto se narra con mayor o menor detalle en Pavarotti, el documental de Ron Howard que fue presentado en la Seminci, el Festival de Cine de Valladolid, Y que ahora está en cartelera. Además, por supuesto, hay un minucioso recorrido por la trayectoria de Luciano Pavarotti en sus 71 años de vida (Módena, 15 Octubre de 1935-Módena, 6 de septiembre de 2007). Hijo de un panadero aficionado a la ópera, llegó a lo más grande en su profesión. Su aria característica, Nessun Dorma (Que nadie duerma), de la ópera Turandot compuesta por Giacomo Puccini, sigue estando ligada a su nombre. Y su éxito junto a Plácido Domingo y José Carreras en Los tres tenores. Y su filantropía, su personalidad afable, generosa, divertida…

En el Hotel Intercontinental de Madrid, Nicoletta Mantovani, hoy, con los 50 cumplidos y que, por cierto, es una mujer muy simpática y locuaz (tanto en italiano como en inglés), habla con inmenso cariño y cierta melancolía de quien fuera su marido.

Bienvenida a Madrid. ¿Qué ha sentido al ver el documental Pavarotti?
Grazie. Desde luego, ha sido una experiencia bellísima. Es emocionante ver cómo Luciano cuenta su historia y ver toda una vida de amigos, colegas, personas que han estado con él, que le han querido muchísimo y que han compartido su vida. Aunque también siento una gran melancolía viendo que todo lo que era… ya no está. Así que es una mezcla de emociones.

¿Cómo surgió la idea de hacer un documental sobre Pavarotti?

Nace de la voluntad de la casa discográfica, Universal/ Decca, para hacer un homenaje a Luciano en el décimo aniversario de su desaparición, hace dos años. Eligieron a un productor americano que ya había hecho el documental The Beatles: Eight Days a Week. Y cuando ese productor vino a hablar conmigo, yo le pedí que si lo podía dirigir Ron Howard, ya que había dirigido ese documental de los Beatles y me había parecido buenísimo. Howard aceptó la propuesta y a mí me encantó, porque, sin ser un experto en ópera (Nicoletta Mantovani tampoco lo es), quería hacer un viaje, un documental para todos, no solo para los amantes de la ópera. Eso era también lo que siempre buscaba Luciano: acercar la ópera a todos y democratizarla, ya que cuando él era pequeño, la ópera se cantaba en las calles (de Módena) con todos. Era un poco como la música pop en la actualidad. La ópera se representa en los teatros para pocas personas, no para todos. Luciano quería hacer el proceso inverso, llevar la ópera a su sitio, donde estaba antes, en medio de la gente. Creo que Ron Howard aquí ha hecho eso: mostrar la figura de Luciano para un público más amplio.

En este documental se refleja la vida personal y la vida profesional de Luciano Pavarotti. Se cuentan infinidad de cosas: cuando él estuvo enfermo, cuando usted estuvo enferma, cuando una de las hijas de Pavarotti estuvo enferma, el escándalo al descubrirse su relación sentimental… ¿Ha sido doloroso ver algunos momentos en la pantalla?

Bueno, doloroso no. Fue doloroso en ese momento (ríe). Pero era algo en lo que yo creía y que conocía muy bien. De hecho, la mayoría del material del documental viene de nuestros archivos. Le dimos a Ron Howard todo el archivo, y él decidió qué partes utilizar y cuáles no, y cómo hacer este viaje particular de la vida de Luciano desde más de un punto de vista (hay declaraciones de su primera mujer, de sus hijas, de Plácido Domingo, José Carreras, Bono, líder de U2; sus agentes…). Creo que al final ha hecho un documental muy sincero, lleno de verdad. Cada cosa que ves es exactamente tal y cómo era y tal y cómo era Luciano; su personalidad. Howard fue muy bueno dibujando la personalidad de Luciano: con sus errores, sus grandes cualidades, éxitos, momentos de desesperación… Es como la vida de cualquiera. Nadie tiene una vida perfecta. Siempre es una mezcla. Y eso también le ocurrió a Luciano.

En el documental se ve que estaba lleno de vida y que era un hombre muy positivo. ¿Qué le enamoró de él?

Bueno, para mí es difícil de explicar.

Porque cuando se conocieron (en 1993) usted era muy joven (23) y él era la mayor estrella mundial de la ópera (con 57 años).

Sí, él no era mi héroe porque a mí no me interesaba la ópera (sonríe), así que mis héroes eran U2, por ejemplo (ríe). Así que tenía una actitud diferente. Y siempre le hice esa pregunta a Luciano: “¿Por qué te has enamorado de mí?” Y me contestó: “Mira, si puedo explicar el amor, ya no es amor”. Y en cierta forma tenía razón, porque, si lo piensas, es imposible explicar el momento en el que te enamoras de alguien. Simplemente ocurre. Simplemente quieres ver a esa persona cada día, estar con ella todo el tiempo sin saber dónde te va a llevar eso. Es algo que sientes por dentro y que quieres hacer. Y, por supuesto, la relación va creciendo cada día, con todos los aspectos bonitos. Nuestra relación fue muy especial. Primero, por encima de todo, destaco la actitud positiva de Luciano hacia la vida, que es algo que realmente echo de menos ahora, porque siempre era capaz de encontrar un rayo de sol, incluso en momentos malísimos. Siempre fue capaz de ver el lado bueno de las cosas. Y creo que todo esto le vino de su infancia. Él fue un niño de la Segunda Guerra Mundial, y vio cosas horribles de la sociedad de la época. Además, a los 12 años tuvo un accidente que le mantuvo en coma un par de semanas, y siempre me dijo que precisamente en ese momento decidió que quería sobrevivir y que no malgastó ni un solo minuto de su vida. Y lo hizo. Fue capaz de mantener esa intención y esa intensidad hasta el final. También creo que nació con esa personalidad, que es típica de los grandes hombres. Mantener al niño interior muy vivo. Por eso era capaz de ver el mundo a través de los ojos de un niño. De hecho, cuando dicen que hay una gran diferencia de edad, en cierta forma, es al contrario. Porque él era el joven de la pareja. Creo que a veces la edad es solo un dato “anagrafico” (término en italiano para nacimiento y muerte) pero todo depende de lo que sientes por dentro. Y a Luciano, su actitud y su curiosidad hacia el mundo fue lo que le condujo en su vida. Y siempre me decía: “Nunca te acuestes si no has aprendido algo nuevo”. Y para él aprender fue un punto importante. Incluso después de los conciertos en los que conocía a mucha gente, no era solo estar ahí, sino que hacía muchas preguntas, y se tiraba dos o tres horas porque hacía preguntas a todo el mundo. Quería aprender incluso las cosas más nimias como ajustar una mesa, porque ese momento era importante para él y podíamos pasarnos dos horas en comprenderlo (Ríe). Para él era una parte muy importante que hacía cada día especial. Eso también era algo muy típico de Luciano. Nada era nunca lo mismo. En cada día ocurría algo especial, pero no porque fuera famoso o cosas concretas, sino cosas pequeñas. Ahora que no está conmigo, eso es algo que me deja un gran vacío y me resulta muy difícil rellenar. Muy difícil (se emociona).

Desde luego, en el documental se ve que era un hombre muy amable. ¿Qué le dijo su madre cuando supo de todo esto? Por una parte, usted sabía que se convertiría en la mala de la película, yendo a por un famosísimo tenor, rico, casado, mucho mayor que usted. Por otro, usted le aportó a Pavarotti muchísima alegría, juventud… muchas cosas.

Bueno, creo que el amor siempre es un intercambio. Cuando es amor verdadero, nunca es una parte u otra.ES un intercambio. Un intercambio de sentimientos, de pensamientos. A veces es pelear, otras… Está lleno de todo el verdadero amor.

Pero, ¿qué le dijo su madre?

Tuve que llamar a mi madre porque nos llamaron diciendo que tenían nuestras fotos (de Barbados) y todavía no se lo había contado a mis padres, así que era como: “Muy bien. Más vale que se lo cuentes antes (de que salgan)” (Ríe). Así que llamé a mi madre, y mi madre me dijo: “Vale, vale” (ríe). Así que estaba bien, pero, por supuesto, un poco preocupada por mí, y le dije: “¿Puedes decírselo tú a papá?” Y me contestó: “Ni hablar. Se lo dices tú” (ríe). Y dije: “De acuerdo”. (Carcajada). Así que hablé con mi padre, y él fue estupendo conmigo. Ese momento era muy importante para el resto de mi vida porque lo primero que me preguntó fue: “¿Eres feliz? Y yo dije: “Sí”. E insistió: “¿Eres realmente feliz?” Y contesté: “Sí, lo soy”. Y dijo: “Bien. Ya sabes que a partir de ahora tendrás que enfrentarte a muchas batallas, pero si verdaderamente eres feliz, no te olvides de que tu familia siempre estará contigo y de que siempre te podrás apoyar en nosotros”. Y para mí eso fue importantísimo. Yo soy hija única, así que creo que también fue muy difícil para mis padres. Recuerdo que Luciano, el día antes de que las fotos fueran publicadas, me miró y me dijo: “¿Estás preparada, baby? ¿Sí? Muy bien. Allá vamos” (Ríe). Y, por supuesto, al principio empezamos esta pequeña batalla, pero siendo dos es fácil porque para mí él era una firme columna y nunca se tambaleó. Y mientras él vivió, muchos jamás dijeron nada malo de mí porque Luciano era mi gran defensor. Siempre. Incluso públicamente, siempre me defendió. Lo que realmente me encantaba de Luciano, y sigo diciéndolo, es que Luciano no se avergonzó jamás de mí, ni un minuto. Nunca. Es más, siempre me presentó. Nunca me escondió. Siempre me reservó el mejor sitio en una cena, el mejor sitio en el teatro, el mejor sitio…siempre. Me cuidaba tanto y estaba tan pendiente de mí que es algo realmente difícil de encontrar en otras relaciones que he tenido. Para él lo más importante era que yo estuviera feliz. En fin, eso es amor.

La hacía sentir segura.

Segura, amada y cuidada.

Sí, y al fin y al cabo, es su vida. Yo habría hecho lo mismo sin importarme lo que otros pensaran. ¿Ahora tiene relación con las hijas de Pavarotti?

Bueno, sí. Creo que esta película fue muy importante porque muestra exactamente lo mucho que todas queríamos a Luciano y lo mucho que Luciano nos quería a todas. Creo que Luciano, como todos nosotros, a lo largo de su vida sufrió muchos cambios, pero siempre hubo un sendero común: la pasión en todo lo que hacía. El amor hacia su trabajo, el amor hacia la gente que le quería, amor por sus amigos, y eso es lo más importante. Mostrar al mundo que Luciano quería a todos de la misma forma y que Luciano nos quería de la misma forma. Eso es importante. Luego la relación…. es algo distinto. ES una relación diaria que no tenemos, pero al menos fue importante mostrar que tenemos en común el amor. El amor que recibimos de él. Y luego está la generación más nueva. Las dos niñas que ya no son tan jóvenes. Son dos mujeres jóvenes de 17 años. Caterina (nieta de Pavarotti, hija de su hija Cristina) y Alice (hija de Pavarotti y de Nicoletta Mantovani) son el futuro de nuestra familia. Y son chicas estupendas.

¿Qué cosas le cuenta a su hija de Luciano Pavarotti?

Alice tiene recuerdos de su padre de muy pequeña porque tenía cuatro años y medio cuando él murió, así que recuerda que nadaban juntos, algo que a ambos les encantaba; que pintaban juntos… Luciano la enseñaba, veían dibujos de Disney… Y el resto, naturalmente, son recuerdos que yo le cuento y documentales o vídeos que ve. Para ella, redescubrir a su padre más allá del personaje público es un largo viaje.

Hace años entrevisté a Plácido Domingo y me pareció una persona encantadora. Tal y como se ve en el documental, era buen amigo de Pavarotti. Ahora, Domingo se ha visto envuelto en un escándalo de acosos sexuales supuestamente ocurridos hace 30 años. ¿Qué opina usted de todo esto?

Bueno, para mí… Yo conocí bien a Plácido porque compartimos muchas giras alrededor de todo el mundo con los Tres tenores, y, además, vivíamos en el mismo edificio en Nueva York, y la persona que yo conocí es muy distinta de lo que se está diciendo. Siempre fue muy amable, un verdadero amigo, porque incluso cuando Luciano murió, siempre fue uno de los primeros que me ayudó con conciertos… Cada vez que le llamaba para un concierto homenaje a Luciano, siempre venía gratis. Siempre ahí. Ha demostrado verdadera amistad, y se muestra verdadera amistad si eres buena persona, así que no creo que Plácido sea capaz de hacer algo así.

¿Creen que lo están utilizando porque tiene fama mundial?

No sé qué está pasando, porque puedo ver lo sucedido con Vittorio Grigolo (tenor italiano de 42 años, acusado de manosear a una bailarina en Japón en septiembre de 2019, y, tras ello, suspendido de la Royal Opera House y de la Metropolitan Opera). Vittorio es otro al que conozco muy bien, porque Vittorio fue el último alumno de Luciano. Luciano enseñó a Vittorio, le preparó para la Bohème (Puccini) o Rigoletto (Verdi), no me acuerdo, en julio de 2007, y Luciano murió en septiembre, para que te hagas una idea de lo partidario que era Luciano de la nueva generación de cantantes. Lo que pasa, en este caso, por lo que ha salido en los periódicos, y lo he hablado con Vittorio, es que tocó una tripa falsa delante del público (Grigolo, al final de una representación y en medio de los aplausos, tocó la tripa falsa del traje de una bailarina que hacía de embarazada, al parecer, en referencia a una escena de Fausto, y según un espectador japonés que lo vio desde la cuarta fila, no se le puede culpar de nada). Por eso, puedo ver cuál es el problema y dónde está el error. Creo que en este momento hay una caza de brujas realmente alarmante. En Italia decimos “caccia alle streghe”. No sé por qué. No sé la razón.

¿Sigue en contacto con Plácido Domingo?

Sí, sí. El último homenaje que hicimos de Luciano fue en Verona, y él vino, y cantó un dueto, Cielito Lindo… Fue muy especial.

¿Le ha llamado para mostrarle su apoyo?

No, siempre me da apuro molestar, aunque sean los viejos amigos de Luciano, porque no sé si están ocupados… A veces les escribo.

¿Y sigue en contacto con Sting, también amigo de Pavarotti? A mí me encanta.

Sting es especial. Recientemente le vi porque hizo un concierto para Andrea Griminelli, el flautista de Luciano, para su 60 cumpleaños. Fue un gran concierto en Italia. Ahí estaba Sting, Andrea Bocelli, Zucchero, y muchos otros. En esa ocasión sí le vi, les veo. Para el resto, no. Me estoy ocupando de nuestra fundación.

¿Vive en Módena?

En Bolonia. Pero el museo Luciano Pavarotti está en Módena, porque esa era nuestra casa. Yo me mudé a Bolonia, que es mi ciudad natal y donde están mis padres. Y convertimos la casa en museo porque ahí está la personalidad de Luciano, ahí es donde murió… Y pienso que una parte de Luciano todavía está ahí. Además, la idea de que la puerta de Luciano siempre estaba abierta para todos. Creo que a Luciano le habría gustado compartir esa parte de su privacidad con los que le querían. Va muy bien y cada año crecemos un 20&. Ahí tenemos sus trajes, sus palabra, y mantenemos la casa tal y como se construyó. Mucha gente siente ahí una fuerte emoción. El leitmotiv de Luciano era crear una emoción, y lo conseguía porque era auténtico en todo. No había nada falso en él. Y a la gente le encanta lo auténtico.

Una última curiosidad. ¿Qué estudiaba usted cuando se conocieron?

¡Ciencias Naturales! Algo que no tiene nada que ver con lo que hago ahora, que es ocuparme de la fundación- una organización sin ánimo de lucro que mantiene el legado de Pavarotti y apoya a nuevos cantantes-, producir cine… Me divido un poco, pero así es la vida (ríe).

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído