Un documental rescata las historias de los sacerdotes presos del franquismo

Zamora, la cárcel de los curas díscolos

Zamora, la cárcel de los curas díscolos
Sacerdotes vascos en la cárcel concordataria de Zamora. Zamorako Apaiz-Kartzela

El pasado 7 de diciembre de 2019, se ha presentado en el cine Zugaza de Durango (Vizcaya) parte del material que forma parte del documental “Apaiz karzela” (Los curas de la cárcel) que rescata la memoria de algunos de los sacerdotes encarcelados en la cárcel concordataria que el franquismo abrió en Zamora en 1968 como fruto de los acuerdos con el Vaticano.

El audiovisual de productora Maluta Films recoge el testimonio de alguno de los curas que pasaron por este pabellón especial de la cárcel castellana en la que la mayoría de los reclusos fueron vascos –junto a algún nacionalista catalán y gallego o algún que otro cura obrero madrileño o asturiano–. Hoy, la que fuera la cárcel provincial se levanta, conservando su estructura y el aislado edificio de los sacerdotes, a las afueras de la ciudad.

Dirigido por Oier Aranzabal –junto a David Pallarés y Ritxi Lizartza–, ha supuesto 5 años de «duro trabajo». Este documental es un «ejercicio de memoria, teniendo en cuenta también que algunos de nuestros compañeros ya no están», según ha explicado el literato Xabier Amuriza, que fue encarcelado por manifestarse contra el franquismo. Amuriza fue uno de los sacerdotes más destacados por su defensa de la lengua vasca y es uno de los curas más conocidos que pasaron por el penal.

El trabajo, que se estrenará en enero de 2020, ha implicado recabar información, imágenes –como las que muestran un motín de los presbíteros– y diversos testimonios. «Planteamos el documental como un ejercicio de memoria, hay muchas historias en la sombra que hay que sacar a la luz», ha apuntado Aranzabal.

El concordato firmado entre España y el Vaticano establecía que los curas no podían ir a una cárcel convencional. Varios de los sacerdotes que terminaron en la prisión de Zamora habían sido recluidos antes en conventos, pero la solución no convenció ni al régimen ni a la Iglesia porque no era fácil encontrar conventos dispuestos, y los que sí aceptaban a los díscolos no imponían la suficiente disciplina.

La cárcel concordataria era un pabellón aparte en la prisión provincial y los sacerdotes estaban separados de los presos políticos y comunes. En el pabellón solo había curas, pero no todos estaban allí por delitos políticos.

La mayoría de estos curas llegó a la cárcel por el impago de las cuantiosas multas –10.000, 25.000 pesetas…– impuestas por participar en protestas obreras, celebrar el “Aberri Eguna” o insistir en pronunciar sus homilías en lengua vasca, pero también fueron sometidos a 6 juicios sumarísimos y 15 del Tribunal de Orden Público (TOP). Dos del centenar de religiosos encarcelados fueron condenados por colaborar con ETA en el proceso de Burgos (1970).

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído