La escasez de alimentos y medicinas obliga a convertir los templos en comedores, roperos y farmacias

La Iglesia da vida a una Venezuela que se muere, sumida en una crisis sin precedentes

La Iglesia da vida a una Venezuela que se muere, sumida en una crisis sin precedentes
El dictador Nicolás Maduro. YouTube

La situación es muy alarmante; es una catástrofe inmensa. Venezuela vive la peor crisis humanitaria de su historia. Tras décadas de un régimen chavista que ha instrumentalizado la pobreza para perpetuarse en el poder, la población venezolana «se ha convertido en los últimos cinco años en un pelotón de supervivientes». «Nunca en mi vida había visto algo así. Los padres de familias dejan de comer para poder alimentar a sus hijos. La clase media ha desaparecido», denuncia Carmina Lombano, directora de Cáritas Diocesana de Acarigua. El panorama es tan desolador que los templos han dejado de ser un lugar de culto o de celebración de los sacramentos para transformarse en improvisados comedores sociales, roperos y farmacias.

«Los niños mueren por falta de antibióticos, el salario medio de un hogar es de cinco dólares, mientras que un cartón de huevos cuesta 3,50. Tuvimos que poner en marcha una olla popular porque los niños se desplomaban en la escuela por falta de comida», explica el sacerdote Wilfredo León, párroco de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en un barrio muy populoso de la ciudad de Araure.

En cada parroquia del país, hay un comedor. Solo la Iglesia de San Sebastián de Maiquetía (en la periferia de Caracas) da de comer casi todos los días a 150 personas, la mayoría ancianos, personas con discapacidad y padres con niños. Cuando abrieron el comedor en agosto de 2016 solo daban de comer un día a la semana, pero ahora ya son cinco. Una de esas beneficiarias es Maira González y sus tres hijos. «Nosotros venimos tres veces a la semana. Es una gran ayuda porque así la comida de casa la podemos estirar un poco más», asegura.

El estado de emergencia que vive el país es tan alarmante que el propio cardenal Baltazar Enrique Porras, administrador apostólico de la diócesis de Caracas, se ha visto obligado a pedir recientemente a la Conferencia Episcopal Española (CEE) que todas las instituciones eclesiales ayuden a la Iglesia venezolana para poder atender las necesidades más urgentes de la población.

La escasez de alimentos y medicamentos es tan grave que muchos curas también se han visto tentados a abandonar el país, como ya ha hecho el 15 por ciento de la población, según datos de Naciones Unidas. «He visto muchos sacerdotes marcharse. Caen en la ilusión de salir de Venezuela y dejar a las ovejas a la deriva pero nuestro trabajo es luchar a brazo partido dando lo mejor de nosotros mismos», asegura Wilfredo León.

La Iglesia es de las pocas instituciones que se mantienen en pie en medio del caos. «Para nosotros el párroco es nuestro guía. Nos ayuda a mantener la fe y la esperanza. Si no tenemos fe no vamos a salir del pozo en el que estamos», asegura Sonia Rosas, feligresa de la parroquia San Miguel. Dos de sus tres hijos están fuera del país. «Viven en Colombia para poder mantener a sus familias. Aquí es invivible. No hay qué comer, ni cómo vestirse. Los medicamentos son un artículo de lujo», relata Rosas. «Estamos aquí porque Dios nos tiene aquí y porque tenemos una misión», añade.

El mayor sufrimiento para el párroco de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús es «ver la manipulación ideológica que sufre la población». «Nuestro trabajo también es ayudar a despertar conciencias frente a este ensayo diabólico que está destruyendo nuestro patria», asegura. Siguiendo la línea de denuncia pública que ha asumido la Iglesia venezolana, el sacerdote Wilfredo León asevera que los ciudadanos «viven un drama permanente que nunca imaginaron que llegarían a vivir». «Esta plaga que se llama socialismo populista y que afecta a muchos países latinoamericanos es en realidad una mafia de corrupción y genocidio», advierte.

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