Desde malta encuentros

Juan Ramón Moscad Fumadó

El alfiler de corbata

Debo comenzar por decir que me agrada el cachondeo, la fina ironía, el desenfado, la guasa, la Blasa y la Tomasa y darle al monigote sin tasa. Y como estas Fiestas navideñas son propicias a la broma, al recochineo y a la inocentada pues unas gotas sabrosonas no vienen nada mal. Pero vamos a lo que vamos, que es lo siguiente.

Los dos hermanos vivían en Parla, pueblo madrileño que por aquel entonces no sobrepasaba los 6.000 habitantes. Actualmente tiene un censo de derecho de unos 125.000.

Pepe y Miguel, los hermanos andaluces, habían salido de su pueblo para poder comer porque allí se quitaban el hambre a puñadas, o como se decía en su pueblo, más que un grillo dentro de una lata. Encontraron trabajo de peones de albañil y, aunque sin hacer dispendios, podían hasta divertirse un poco, no mucho porque trabajan incluso los sábados. Lo de la semana inglesa llegaría años más tarde.

Un día alguien les dijo que en el Teatro Calderón, en Madrid, actuaba la compañía de Rafael Farina y como buenos andaluces eran enamorados del cante flamenco y Farina uno de sus cantaores preferidos.

El domingo siguiente decidieron ir a Madrid, tomarse unas cañas y un bocadillo y asistir al espectáculo en el Calderón.

En los bares de las calles aledañas a la Plaza de Cascorro tomaron varias cañas, con sus raciones de gambas a la plancha y con eso cenaron. Marcharon para la calle de Atocha, esquina a la Plaza de Jacinto Benavente donde se ubicaba el Teatro Calderón, sacaron las entradas para el patio de butacas, se acomodaron y esperaron el comienzo del espectáculo.

En el descanso decidieron dejar sus asientos y salieron al vestíbulo para que Pepe se fumara un cigarro; sacó la cajetilla y buscó el mechero. Al no hallarlo en ninguno de los bolsillos miró a su alrededor y vio a un señor que fumaba pausadamente, se acercó y con educación le pidió fuego.

Aquel hombre sacó su mechero y se lo ofreció a Pepe, éste encendió el cigarro, le devolvió el mechero a su dueño, le dio las gracias y se alejó unos metros hasta donde lo esperaba su hermano.

Pero no había hecho nada más que dar media docena de pasos cuando escuchó que el hombre del mechero decía: -Detengan a ese joven, que me ha robado el pisacorbatas.

Las dos o tres docenas de personas que se encontraban en el vestíbulo volvieron la cabeza y vieron como aquel hombre señalaba a Pepe. Alguien debió llamar a la pareja de la Policía Armada que se hallaba fuera del recinto e hicieron acto de presencia. Atendieron lo que decía aquel hombre, que les dijo que el joven le había pedido fuego para encender el cigarro y que después de devolverle el mechero se dio cuenta que le faltaba el pisacorbatas, deduciendo que se lo había robado aquel muchacho.

Cachearon a los dos hermanos y al no hallarles la joya, ni en su poder ni en el recinto, los detuvieron y, junto al denunciante, fueron trasladados a la cercana Comisaría de Policía en la Puerta del Sol.

El Comisario, hombre avezado en el trato diario con delincuentes de toda índole, interrogó, por separado, al denunciante y a los dos hermanos y debió darse cuenta que los dos muchachos no eran ladronzuelos ni nada por el estilo. Sus maneras y su cara de pueblerinos lo denotaban a la legua. Cuando los interrogó, ya convencido que no habían sido autores del hurto, le dijo a Pepe: -Voy a llamar al denunciante y quiero que usted esté callado pero no deje de mirarme.

-Si le hago un ligero movimiento con la cabeza, de derecha a izquierda, es que no debe aceptar pero si lo hago de arriba abajo es que si.

Hizo pasar al denunciante y le dijo: -Mire, señor, estos muchachos no le han robado a usted el pisacorbatas; han sido cacheados y no se les ha encontrado nada, se ha inspeccionado todo el vestíbulo por si lo hubiesen tirado y no ha aparecido ¿está usted seguro de que llevaba el pisaborbatas? ¿Por qué no llama a su casa y le pregunta a su esposa? Porque puede ser que esté equivocado y no lo llevara puesto.

Le ofreció el teléfono, llamó a su esposa y le dijo: -Teresa haz el favor de mirar en el joyero y me dices si el pisacobartas que me regalaste en nuestro universario de boda, el de oro con el diamante incrustado, está allí.

Un par de minutos más tarde el Comisario pudo observar la cara de este hombre, que denotaba asombro, y le preguntó: -¿Qué le ha dicho su esposa? La respuesta dejó enormemente tranquilos a los dos hermanos porque dijo que, efectivamente, el pisacorbatas estaba en el joyero y pedía disculpas a los muchachos.

Fue en ese momento cuando el Comisario miró a Pepe y le hizo un ligero guiño, acto seguido le dijo al caballero: -Mire, señor, ha culpado a estos muchachos de haber cometido un delito; han perdido la mitad del espectáculo; se han visto molestados por la detención, los cacheos y, si no quiere que ellos lo denuncien a usted, debe indemnizarlos.

Aquel hombre, reconociendo su equivocación y por evitar verse involucrado en una denuncia, sacó la cartera y ofreció a Pepe un billete de 50 pesetas. (Hay que recordar que el suceso ocurría a mitad de los años 50 y un billete de esa cantidad ya tenía su importancia) Pepe miraba al Comisario y éste le hizo un ligero movimiento negativo con la cabeza. Le dijo que era insuficiente, que no lo aceptaba.

De nuevo el sujeto sacó otro billete de a 100 pesetas y nuevamente el Comisario le hizo la misma señal negativa, por lo que Pepe siguió negándose a coger el dinero.

Así continuó el fulano, ofreciendo cada vez una nueva cantidad y Pepe, por indicación del Comisario, siguió negándose a aceptar, hasta que finalmente ofreció 500 pesetas diciendo que no podía dar más por no llevar más dinero encima.

Pepe miró al Comisario y vio que le hacía una señal afirmativa por lo que alargó la mano para coger el dinero y….

Santísima Virgen de los escarabajos peloteros, a que no saben ustedes lo que le pasó a Pepe en ese momento

PUES QUE SE DESPERTÓ.

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Autor

Juan Ramón Moscad Fumadó

Ing. Técn. Industrial, Diplomado Empresa y Licenciado en CCEE y EE. Valencia. Tutor de Uned de Almansa. Ha trabajado en CTNE Barcelona y en Citesa (Alicante). Desde 1981 trabajó en la Central Nuclear de Cofrentes (Iberdrola) hasta 2014. Ha escrito libros de relatos: "Viajar es un placer, pero, viajar también te escalda" y "Stada Nova: La fórmula" en Editorial Trafford (Canadá), entre otros. Ha editado su CD "OTRAS FORMAS DE AMOR", como cantautor, etc

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Juan Ramón Moscad Fumadó

Ing. Técn. Industrial, Diplomado Empresa y Licenciado en CCEE y EE. Valencia. Tutor de Uned de Almansa. Ha trabajado en CTNE Barcelona y en Citesa (Alicante). Desde 1981 trabajó en la Central Nuclear de Cofrentes (Iberdrola) hasta 2014.  Ha escrito libros de relatos: "Viajar es un placer, pero, viajar también te escalda" y "Stada Nova: La fórmula" en Editorial Trafford (Canadá), entre otros. Ha editado su CD "OTRAS FORMAS DE AMOR", como cantautor, etc

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