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Así fue la confusión que arruinó la subasta del Porsche más caro de la Historia

El momento ha dado la vuelta al mundo. Este año, la subasta anual de Sothebys en Pebble Beach, en la Semana del Automóvil de Monterrey (California), ha tenido un protagonista indiscutido. Se trata de un Porsche Type 64, cuya pasará a la Historia no por su rareza -aunque de trata de un vehículo realmente único- sino por el caos desatado durante la misma debido a una confusión a la hora de entender las pujas, según recoge el autor original de este artículo U. Mezcua en ABC y comparte Manuel Trujillo para Periodista Digital.

Se esperaba que el coupé, cuya aerodinámica carrocería asemeja un OVNI, alcanzara un precio de veinte millones de dólares (lo que lo situaría como el modelo de la marca más caro). Sin embargo un descomunal error de la organización hizo que el valor se disparara rápidamente, antes de ser corregido. Según Bloomberg, alguien confundió las pujas «trece millones» (thirteen million) y «diecisiete millones» (seventeen million) por «treinta millones» (thirty million) y «setenta millones» (seventy million).

Llegado a este punto -el coche más caro jamás subastado, un Ferrari 250GT adquirido, también en Pebble Beach, el año pasado, se quedó en «solo» 48 millones de dólares- la selecta clientela de la sala empezó a abuchear y silbar, y algunos incluso optaron por irse. Tras ello, el responsable de la subasta – a cuyo origen holandés algunos medios acusan de la confusión- tuvo que corregir las cantidades ofertadas. Finalmente, el coche se quedó sin vender, al no alcanzar nadie la puja mínima.

Un Porsche anterior a Porsche
Construido en 1939, el Porsche Type 64 es anterior a la propia marca alemana de deportivos, fundada en 1948, y que considera su primer modelo el 356, fabricado a partir de ese año. Sin embargo, el Type 64 luce el apellido de su constructor, Ferdinand, sobre el capó. Esto hizo que Sothebys lo publicitara como «el primer Porsche», lo que generó polémica días antes de la propia subasta, celebrada el pasado fin de semana.

Ferdinand, que por entonces trabajaba para Volkswagen en el desarrollo del KdF-Wagen («El coche del pueblo», posteriormente conocido como «Escarabajo»), intentó producir una versión deportiva del mismo, el Type 114. No obstante, la difícil situación internacional y el escaso entusiasmo del régimen nazi hicieron que no pasara de un esbozo.

Parecía que el proyecto jamás vería la luz, hasta que, en la primavera de 1939, Alemania e Italia convocaron una carrera propagandística entre Berlín y Roma, para septiembre de ese año. Argumentando que el modelo sería una demostración de la superioridad tecnológica alemana, Porsche y su hijo Ferry consiguieron finalmente vía libre para el desarrollo del deportivo, que emplearía muchos componentes del KdF-Wagen.

Aunque la carrera nunca se llegaría a celebrar -en septiembre de 1939 Hitler invadió Polonia, comenzando la Segunda Guerra Mundial-, finalmente se completarían tres unidades de lo que denominaron Type 60K10. Fueron carrozadas a mano por Reutter Karosserie (hoy Recaro), y estaban equipadas con un motor Bóxer de 50CV para impulsar un conjunto de poco más de 500 kilos.

Una se la apropió Bodo Lafferentz, director del Frente Alemán del Trabajo, el sindicato vertical nazi. Éste lo dañó seriamente en un accidente ese mismo año, lo que obligó a reutilizar piezas de la tercera unidad producida, quedando el vehículo en manos de Ferdinand Porsche, que lo usó como vehículo personal antes de vendérselo al fabricante de lubricantes Otto Mathé, en 1949. Éstelo mantuvo en su poder hasta su venta a un coleccionista, en 1995. La unidad restante no sobrevivió por poco a la contienda: en los primeros meses de 1945 fue capturada por tropas del séptimo ejército de Estados Unidos, que le arrancaron el techo y posteriormente griparon el motor, dejándolo como chatarra.

El del Type 64, no obstante, no ha sido el único contratiempo de la subasta de este año. Según la tasadora Hagherty, el valor de los coches subastados se redujo hasta un 25% en comparación con 2018; con un recorte medio de 75.000 dólares por modelo, y con treinta modelos que quedaron sin ser vendidos. Una situación que llevó a algunos asistentes a definir la situación del mercado como «un baño de sangre».

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