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Marta Fernández relata su pesadilla con un acosador: «Lo tenía en la puerta de casa mirándome»

Marta Fernández relata su pesadilla con un acosador: "Lo tenía en la puerta de casa mirándome"
Marta Fernández TV

El peor momento de la periodista. El estremecedor relato de la periodista Marta Fernández, acosada durante dos años, es el guión de una película de terror, solo que no es ficción, sino una realidad de pánico que ahora sale a la luz. Y es la propia periodista quien hace el relato de su calvario, según recoge el autor original de este artículo informalia y comparte Francisco Lorenson para Periodista Digital.

Marta Fernández, de 46 años, tuvo que acudir en dos ocasiones a la Policía a pedir ayuda y finalmente un juez le ha concedido una orden de alejamiento de su acosador, que no podrá acercarse a más de 500 metros de la periodista. Esta es la historia que le contó a la Policía, tal y como ha difundido este lunes Espejo Público: «El acoso comienza de una manera en que es imposible de detectar», explica. «Un individuo comienza a escribirme a través de las redes sociales. Eran mensajes raros, pero no preocupantes. Más inquietante si acaso la insistencia, porque eran bastante frecuentes», señala Marta.

Pero fue a más: «De repente me asusté cuando un día me envía una carta a mi domicilio particular con número de portal, piso y letra. Lo más alucinante es que mi acosador se identificaba. Había plasmado de su puño y letra su nombre y su dirección en el remite. No entendía nada», añade la periodista.

Marta no identificó inmediatamente a su acosador, aunque después del siguiente mensaje que escribió en la red social, supo de quién se trataba, como adelanta el periodista Nacho Abad, que ha tenido acceso a la carta de la periodista: «Las cartas tenían un contenido delirante. En una de ellas decía que me había visto en una terraza de mi barrio y que yo le había mirado y que su corazón había empezado a palpitar. A partir de ahí se había construido una historia de amor, absolutamente caballeresca y enloquecida», recuerda. «En aquella mañana en una plaza pintoresca de Madrid se cruzó ante mí una luna. Y ella me miró. Que te mire una luna no es muy habitual, y sentí aquella mirada que no puedo olvidar», relata una de las cartas a Marta Fernández. «Quiero conquistar tu corazón. El mío ya lo tienes y te lo entrego. Ha vuelto a latir tan fuerte que no puedo controlarlo. Late cada vez que me acerco a ti, a tu guarida, a tu sitio, a tu hogar», le decía el acosador denunciado. «Son muchos los días que paso y aunque no consiga verte asomada a tu balcón, noto tu presencia pues mi corazón late cuando estás ahí. No te veo pero te siento».

De las cartas a los regalos
El acoso comenzó en 2017 y fue in crescendo. «Un día me envió un pequeño regalo, una llave. Y luego comenzó a mandarme mensajes a través de la red social con cosas de candados, como que debía ir a buscar uno. Fue más preocupante cuando una noche de Reyes llego a mi casa y me encuentro una caja en el balcón. Está alto. Hay que hacer fuerza para lanzarlo y que llegue a mi balcón… El desasosiego era tremendo porque tengo varios balcones y justo cayó en el de mi dormitorio. Yo intentaba darle una explicación, miré hacia arriba y enfrente, pero mi piso es el más alto. Concluí que lo habían lanzado desde la calle. Cogí la caja y la guardé y al día siguiente veo un mensaje en la red social que dice: ‘Cajitas voladoras, ¿has cogido mi regalo?’ Comprendí que no solo me escribía cartas a casa, si no que había estado allí, en mi puerta y me podía incluso haber roto el cristal del balcón. Esa fue la primera vez que fui a comisaría», relata Marta.

Coincidiendo con la visita que Marta hizo a la comisaria, el acosador desapareció durante unos meses. «Pensé que se había borrado de mi vida. ¡Qué alegría! Una preocupación menos. Pero me equivoqué. Comenzó a acercarse a mí físicamente. La primera vez fue en la Feria del libro. Vino a que le firmara un ejemplar, pero había tanta gente que no le reconocí. Sin embargo, un día presentando un acto en Telefónica, a principios del 2018, lo vi entre el público. Lo identifiqué. Me entraron los mil males. Aguanté el tipo durante la presentación, pero al final los de Telefónica, que son muy majos, me tuvieron que sacar por la puerta de atrás. Cuando ellos salieron comprobaron que estaba esperándome en la puerta de la calle Fuencarral».

«Se sentaba en el portal de mi casa y me esperaba», cuenta Marta
El acoso fue a más: «Me mandaba sus carnets, el DNI, el de conducir y se presentaba como candidato. Pero lo peor es cuando en abril de este año comenzó a presentarse debajo de mi domicilio. Si llegaba a casa y le veía sentado, corría a mi portal. Un día volvía con la compra, se me acerca y me dice: ‘Te ayudo, te subo las bolsas a casa’. Yo le respondo: ‘No, no. No hace falta’. Salí corriendo y cerré de golpe la puerta tras de mí. A partir de ese día, se plantaba en mi puerta todos los días. A eso de las siete y media de la mañana se ponía debajo de mi balcón a jugar con una pelota o a cantar o hacía que hablaba con el móvil. Yo le veía desde arriba».

Marta estaba aterrorizada: «Es como estar prisionera en tu propia casa, porque no puedes bajar. Pasados unos días vi cómo entraba en animada conversación con los repartidores, los obreros, y luego me enteré que los de las terrazas de alrededor de mi casa también le conocían y estaban hartos de él. Un día bajo a un bar de al lado y me lo encuentro. Me suelta: ‘¡Que no me haces caso! ¡Las mujeres cómo sois! ¡Las guapas cómo sois!’. Y mirando a la gente que había en local seguía: ‘¡Esta que no me hace caso. ¡Mira las guapas! ¡Con ese vestido bonito que no me hace caso!’. La gente no quitaba ojo».

Marta puede no ser la única
Hasta se llegó a enfrentar a él: «Estoy harta. Como continúes siguiéndome te voy a denunciar a la policía. Esto no tiene sentido». El acosador tuvo tras esta advertencia una reacción nerviosa. «Empezó a gritar: ‘¡Las mujeres que solo queréis a los hombres por el dinero!’, ‘¡Que no me hace caso!’. Cogió el café y se fue. Desapareció. Pensé que enfrentarme a él había surtido efecto y que no regresaría. Pero una vez más me confundí. En julio y en agosto de este año volvió y ya tuve que acudir de nuevo a denunciar a la policía. Los agentes espectaculares, conmigo han tenido una especial sensibilidad. Estoy muy agradecida. Le detuvieron en su casa y un juez le ha puesto una orden de alejamiento de quinientos metros. No ha vuelto. Ahora me da la impresión de que ha empezado a escribir a otra mujer conocida».

Autor

Francisco Lorenson

Polifacético e innovador reportero, lleva años trabajando en el sector y aprendiendo de algunas de las personas más inteligentes del negocio.

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