La pareja de la joven fue quien confesó los crímenes

Una adolescente psicópata torturó, inyectó veneno de ratas y quemó a sus padres

Una adolescente psicópata torturó, inyectó veneno de ratas y quemó a sus padres
Ana Carolina López Enríquez PD

Ana Carolina López Enríquez es conocida en México como la ‘adolescente psicópata’. La joven fue detenida por la Policía en Chihuahua tras encontrar los cuerpos carbonizados de sus padres, quienes la habían adoptado hace 16 años. Sin embargo, la pareja nunca imaginó que sería su propia hija quien les llevaría a una muerte lenta y dolorosa.

A pesar de que la Policía la trató inicialmente como una víctima del brutal crimen, las sospechas comenzaron a crecer ante las declaraciones de su novio. José Alberto Grajeda no aguantó la presión y confesó que él, su novia y un tercero habían asesinado a la pareja de ancianos, como parte de una venganza que planeó Carolina en represalia porque se habían negado a prestarle el auto y también por negarle dinero para poder casarse.

Según la confesión, el novio, Ana Carolina y Mauro Domínguez (el tercer implicado) esperaron a que su padre saliera de la casa para ir a jugar billar. Una vez que se alejó, la joven llamó a Albertina (su madre) a la cocina para que la ayudara a buscar un ingrediente, entonces, Mauro la sometió por la espalda y la asfixió con un cable, para asegurarse que la habían matado, le inyectó veneno para ratas y cloro.

Una vez que regresó Efrén, también lo llamaron a la cocina, pero esta vez fue el novio de Ana Carolina el encargado de realizar la misma operación. Aún con los cadáveres en el suelo de la cocina, la pareja se fue a cenar y tomar unas cervezas. Incluso, durmieron en la vivienda y no fue hasta la mañana siguiente que decidieron llevar los cuerpos a un descampado para quemarlos.

A las pocas horas de los sucesos, la pareja fue a probarse unos anillos de boda y horas después asistieron a una fiesta de 15 años en la que el novio trabajó como mesero. El reporte psicológico realizado a la joven la retrató como como una asesina extremadamente peligrosa, con un nivel de psicopatología más alto en la escala de crímenes violentos del FBI.

Ana Carolina fue puesta en libertad cinco años después. Su salida se dio en medio de un fuerte hermetismo al interior de las autoridades de la Fiscalía y el Poder Judicial, ya que su caso conmocionó a toda la sociedad, puesto que al ser detenida y reconocer el crimen señaló que no estaba arrepentida.

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