Considerado uno de los mayores depredadores sexuales de las últimas décadas, solo ha cumplido 17 de los 271 años de condena

Así es Juan Carlos, el profesor violador de 13 alumnas en Málaga, que el Ministerio de Justicia del PSOE ha dejado libre contra el criterio de Prisiones

Así es Juan Carlos, el profesor violador de 13 alumnas en Málaga, que el Ministerio de Justicia del PSOE ha dejado libre contra el criterio de Prisiones
Así es Juan Carlos, el profesor violador de 13 alumnas en Málaga, que el Ministerio de Justicia del PSOE ha dejado libre contra el criterio de Prisiones EE

Una decisión terriblmente polémica. Durante sus últimos años en prisión le llamaban «el hombre invisible». Su objetivo era pasar desapercibido, no ser señalado por nadie más que su propio nombre, ya manchado dos décadas atrás. A Juan Carlos Gómez Ruiz le pasa como a muchos otros violadores cuando entran en la cárcel: pierden todo el poder que ejercían vilmente sobre sus víctimas, se acongojan e intentan sobrellevar su penitencia con el mayor sigilo posible. Allí dentro, repudiados por el resto de reclusos, dejan de ser alguien, según recoge el autor original de este artículo Brais Cedeira en El Español y comparte Ivan Rastik para Periodista Digital.

Juan Carlos cumplía su condena de 271 años de prisión por violar a 13 mujeres e intentar lo mismo con otras 11. Es más conocido como el violador en serie que sembró de terror las calles de Málaga a finales del siglo pasado y a principios del actual. Entre 1997 y el año 2002, cuando le detuvieron, el cuchillo se convirtió en el único cómplice con el que contaba para humillar y vejar a sus víctimas.

Ahora, un juez acaba de concederle el tercer grado penitenciario, el régimen de semilibertad. Funcionarios de la prisión de Albolote, Granada, en la que actualmente cumplía su condena, especifican a EL ESPAÑOL que la junta de tratamiento del presidio emitió un informe en contra de la puesta en libertad de este individuo. No está preparado, explican, para que lo reinserten en la sociedad. Tan solo ha cumplido 17 años del total de su condena.

No es la primera vez que este depredador sexual abandona la prisión de Granada. Juan Carlos Gómez, más conocido como ‘el violador múltiple de Málaga’, ya había gozado en los últimos años de otros permisos puntuales. Salidas esporádicas de fin de semana. Eso es una cosa, y otra, lo que dicen quienes le llevan años analizando en la cárcel. En la de Granada los funcionarios denuncian cada poco tiempo la precariedad en este ámbito, ya que tan solo trabajan allí 4 psicólogos para atender a 1.300 internos. Pero estos casos tan particulares los tienen mirados al dedillo. Y en este caso, saben que no está preparado para salir a la calle.

En aquel entonces, la Policía Nacional anduvo tras sus huellas durante cinco largos años. Hasta que lograron dar con él. Le detuvieron en un operativo en el que participaron hasta 50 agentes.

Depredador de barrio humilde
Nació en el bario de Portada Alta. Procedente de una familia humilde, se inscribió en Educación Física, se convirtió en profesor de gimnasia y se casó con la novia que siempre había tenido. Un hombre en teoría modélico, sobre el papel trabajador, en apariencia bueno.  Sus dos pasiones, la docencia y el deporte, las combinó en las clases que impartía en el colegio Rosario Moreno. Clases de gimnasia durante años. En secreto, mantenía una tercera pulsión: la de forzar y violentar a todo tipo de mujeres que se le pusiesen por delante.

Las primeras denuncias llegaron en 1997. Todas se parecían, es decir, había un patrón común según el cual obraba el criminal: todas eran rubias, jóvenes, con edades comprendidas entre los 18 y 23 años. Juan Carlos, comenzó su actividad como depredador fijándose en gran parte en las madres de niños del barrio.

Como mucho otros protagonistas de las páginas más oscuras de la crónica negra, el violador esbozaba su plan de ataque de forma extremadamente calculada. Cada paso era el producto de un profundo estudio. Lo primero que hacía era seguirlas con discreción, anotar todos sus movimientos, conocer cada detalle de sus vidas. Cuál era la hora a la que salían de casa, con quién lo hacían, en qué momento regresaban, cuándo solían hacerlo solas y cuándo no, incluso qué hora del día resultaría más conveniente para abordar a las víctimas en la puerta.

Cubría todas estas calculadas pulsiones con una férrea máscara, una doble vida en la que los suyos, su familia, su pareja, sus amigos, en la que ninguno de ellos podía tener ni la más remota idea de lo que estaba haciendo. Su fama de aplicado, de chico bueno, jugaba en su favor. Esa era la fachada que escondía al monstruo.

Una vez hecho el seguimiento, cuando lograba conocer todos los detalles de estas mujeres, las abordaba a la puerta de sus casas. Casi siempre llevaba un cuchillo. Todas esas violaciones se produjeron en la zona de la Carretera de Cádiz. Con el cuchillo las intimidaba, y al final terminaba por violarlas.

Esas fueron las primeras veces que salió ‘de caza’. Luego cambió. Se fijó en mujeres jóvenes, extranjeras, también rubias. Estos años empleaba ya el truco del fontanero. Se hacía pasar por revisor del gas. Entraba con ellas a cara descubierta. Y allí mismo las violaba.

La caza del violador
Meses antes de su detención, en la comisaría de la Policía Nacional de Málaga se estableció un dispositivo de 35 agentes que, de forma permanente, tenían como único objetivo capturar a aquel violador que durante seis años había tenido aterrorizada a las mujeres de media ciudad. Las descripciones distintas de las víctimas les llevaron a pensar que eran varios agresores diferentes actuando al mismo tiempo. Pero las coincidencias entre los relatos, más la detención, facilitaron que fuese identificado.

Le tenían como objetivo principal y sabían el modo en que se movía. También que no contaba con antecedentes penales. Colaboraba en el filial del Málaga, en Tercera División, en tareas administrativas. Un tío, en apariencia, limpio y formal.

Todo esto lo supieron gracias al trabajo incansable de distintas agentes. Mujeres jóvenes en el cuerpo, se infiltraron como alumnas en distintas academias de idiomas. Se hacían pasar por estudiantes para actuar como gancho, con el fin de dar con el violador. En uno de esos seguimientos, tuvieron un aviso de que un falso fontanero habían intentado acceder a un edificio. Uno de los agentes camuflados le identificó.

Esto se sumó a que tres estudiantes suecas, residentes en la ciudad e interrogadas por la Policía Nacional, lograro identificarle. Y ahí se acabó su historia.

Fue detenido el 4 de febrero de 2002 a la puerta del colegio en el que trabajaba. Registraron su casa y le interrogaron. Los agentes lograron documentar 12 violaciones -luego aumentaron a 13- consumadas por 11 intentos frustrados.

Ahora tiene la posibilidad de abandonar la prisión en la que se encontraba. Los vecinos del barrio que sufrió sus andanzas se encuentran extraordinariamente atemorizados. No quieren que ese hombre regrese por el lugar en el que perpetró sus crímenes. Sienten pavor con su nombre. No lo quieren ni ver.

 

Autor

Ivan Rastik

Iván Rastik, personaje ruso de origen pero español de vocación, es el gran experto erótico-festivo de Periodista Digital.

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