CAMILLE PAGLIA

‘Sexual Personae’: violencia, violaciones, violadores

'Arte y decadencia desde Nefertiti a Emily Dickinson', el libro fundacional del nuevo feminismo más provocador

'Sexual Personae': violencia, violaciones, violadores

«Los delitos sexuales son siempre masculinos y nunca femeninos porque son atentados conceptualizadores contra la inalcanzable omnipotencia de la mujer y la naturaleza.»

«El asesinato en serie o el asesinato sexual, como el fetichismo, es una perversión de la inteligencia masculina. Es una abstracción criminal, masculina en su egocentrismo perturbado y su método. Es el equivalente antisocial de la filosofía, las matemáticas y la música. No hay un Mozart femenino por la misma razón por la que no hay un Jack el Destripador femenino.»

«Todo lo sagrado, todo lo inviolable provoca la profanación y la violación. Todo crimen que pueda cometerse será cometido. La violación es un modo de agresión natural que sólo puede controlarse mediante el contrato social. La formulación más ingenua del feminismo moderno es la afirmación de que la violación no es un delito sexual, sino un delito de violencia, es decir, que es sencillamente el poder disfrazado de sexo. Pero el sexo es poder, y todo poder es inherentemente agresivo.  La violación es el poder masculino batiéndose contra el poder femenino. Lo que no significa que deba excusarse más que el asesinato o cualquier otra forma de atentar contra los derechos del otro. La sociedad es lo que protege a las mujeres de la violación y no, como mantienen absurdamente algunas feministas, su causa. La violación es la expresión sexual de la voluntad de dominio que la naturaleza implanta en todos los humanos y contra la que se alzó la civilización para contenerla. Así pues, el violador es un hombre demasiado poco civilizado y no al contrario. Existe una evidencia abrumadora a lo largo y ancho del mundo de que siempre que los controles sociales flaquean, como en las guerras o en momentos de desorden social extremo, incluso los hombres más civilizados adoptan conductas incivilizadas, entre las que se incluye la barbaridad de la violación.»

«El feminismo, al razonar desde el punto de vista, mucho más templado, de la mujer, no tiene en absoluto en cuenta el gusto sanguinario que va unido a la violación, el goce de violar y destruir […]. Puede que las mujeres sean menos proclives a tales fantasías porque físicamente no están equipadas para la violencia sexual. No conocen la tentación de invadir por la fuerza el santuario de otro cuerpo.»

«La prostitución no es simplemente una industria de servicios que se encarga de encauzar el desbordamiento de la demanda masculina, siempre superior a la oferta femenina. La prostitución demuestra la inmoral lucha por el poder del sexo, una lucha que la religión nunca ha sido capaz de detener. Las prostitutas, los pornógrafos y la clientela de ambos son merodeadores en el bosque de la noche arcaica.»

 

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