ANÁLISIS / EURICO CAMPANO

Hartazgo de los ministros socialistas ante las cacicadas comunistas de Podemos: Robles, Calviño y Marlaska ponen a parir a Iglesias en privado

¿Quién será el primero, de entre los tuyos, en gritarte: ¡'El emperador está desnudo'!?

Hartazgo de los ministros socialistas ante las cacicadas comunistas de Podemos: Robles, Calviño y Marlaska ponen a parir a Iglesias en privado

Le guste o no, Pedro Sánchez Castejón pasará irremediablemente a la historia como el presidente del Coronavirus. Triste lugar en los libros para un líder político que, con unas oceánicas dosis de vanidad, aspiraba a abrir un tiempo nuevo en España que, sin forzar la máquina en exceso, revisara de un plumazo los últimos 42 años de nuestro pasado reciente e inaugurara un nuevo régimen, permítaseme la intencionada minúscula.

Parece ya evidente que, visto lo visto, Sánchez no podrá resetear la historia.

Dado por muerto políticamente en varias ocasiones, su tremenda ambición le permitió resurgir de sus cenizas. Retornó a la Secretaría General del PSOE, de la que le habían echado a gorrazos, y alcanzó la presidencia del Gobierno, de manera interina en primer término y por incomparecencia del contrario y un solo escaño de sobra después. Ahora, Pedro Sánchez, el Comandante en Jefe que no entiende como cada vez más españoles cuestionan el éxito de su gestión en esta peste global que a España le ha costado ya diez mil muertos y cientos de miles de empleos perdidos, se siente por primera vez bloqueado.

Comienza a escucharse que está cansado; que su rostro refleja la amargura y la frustración de quien se tenía por el elegido de los Dioses y al que un cisne negro le va a regalar a un lugar subsidiario en el recuerdo de las generaciones venideras.¡Ingratos!, pensará el César que deja, cual figuras históricas del pasado reciente, todas las noches la luz de la candelita de su despacho encendida para no dejar de sentir ni un instante el peso de España sobre sus hombros.

El relato y su construcción; ese difícil arte que pocos dominan

Leo en los últimos días crónicas rezumantes de almíbar que presentan una versión hagiográfica de la ‘firmeza’ ante Europa del presidente Sánchez. Confieso que me parecerían risibles, si no fuera porque cada día acumulamos novecientos muertos más. Pero la propaganda es la propaganda, claro.

Conozco el oficio, sí… cuando la credibilidad del líder o de la causa se resquebraja abruptamente urge crear, a toda velocidad, un relato. A ser posible con pluma inteligente o creíble y que devuelva al pueblo la seguridad de que, ya que la catástrofe ‘fue inevitable’, al menos, está gobernado. El problema de esta ciencia, que no admite aficionados a los mandos, es que la frontera entre lo sublime y la cursilería o el ridículo es tenue. ¿Alguien cree verosímil la pose del jefe del Gobierno de una economía media poniéndose bravo al sheriff de Europa que nos niega los Coronabonos y escatima la ayuda?

– ¡’No Charles, Así es inaceptable’!
¿Les parece una frase verosímil? A mí no.

Llevo 30 años en esto. Domino el lenguaje diplomático y por ello decidí hace muchos años que no iba a ser el mío. He paseado por ese ‘sinDios’ de edificios bruselenses, con siete mil personas dentro, que dista ya de ser poco más que una idea vacía de voluntad y de contenido político real. He asistido a ruedas de prensa de González y de Kohl en 1994, de Aznar desde 1996… de Chirac, de Sarkozy… conozco bien la farsa y sus reglas.

Y la cosa no funciona como la cuentan los medios subvencionados, créanme.

Una vez leí que esto de mandar -ahora lo llaman ‘Liderazgo’- era, sobre todo, el arte de conocer la naturaleza humana; de uno en uno y en conjunto. Saber cómo piensan, cómo son y hasta cómo se llaman todos los que te votan, e incluso los que no lo hacen. Todos los presidentes, cada uno a su modo y en su estilo, llegaron a ser consumados artistas en lo que describo.

Decían de Suárez que, cuando te daba la mano, ya sabía cómo eras. De Felipe se contaba que tenía una irresistible capacidad de seducción: ‘Enamora el cabrón, ¿eh?’, repetía Sarasola. Se elogiaba de Aznar su ‘autoritas’; de Zapatero se admiraba que podía conseguir que la mayoría pensara que era como cada uno de ellos. Incluso del ‘soso’ Rajoy se escribió que representaba bien a ese español medio que lo que quiere es vivir, llegar bien a fin de mes y que no le metan en líos; como le ocurría a él.

Sánchez; con todo por demostrar y sin tiempo para hacerlo

¿Y Pedro? ¿Qué cualidad tiene Sánchez? ¡La resiliencia!, dicen, entendiendo por tal la habilidad de mantenerse en el poder, su mayor ambición, el mayor tiempo posible. Está bien, claro, también va de esto la cosa. El gran estratega florentino estaría orgulloso. Que el presidente se maneja mejor en funciones, también lo sabíamos. Pero ya hemos detectado su talón de Aquiles: la vanidad. A quien los dioses quieren perder, primero envían la soberbia.
No era así exactamente, lo sé… pero me vale.

En tiempos de bonanza, a casi todos gusta tener un presidente alto, con buena presencia y que habla idiomas. En tiempos crudos, los ciudadanos quieren hechos, no palabras. Prefieren a un ‘bajito’ Martínez Almeida, que tiene el Estado y su ciudad en la cabeza, que no a un político que lee hasta las respuestas que le han preparado de preguntas ya pactadas. Y se sienten más seguros con una – inexperta le decían- joven presidenta, Díaz Ayuso, que no sale a exhibirse, y sí a anunciar soluciones… varias cada día.
La comunicación hace aguas. Cada día hay ejemplos para dar y tomar. Capítulo aparte merece esa ministra de Podemos a quien las cifras del paro, en el día más terrible de la reciente historia de España, solo le sugieren risas y liviandades. Este es el nivel.

Pedro Sánchez dispone en este momento de un poder casi omnímodo, considerando nuestro marco constitucional. Casi como en otros tiempos, aunque hoy, felizmente, vivimos en una democracia consolidada. Más poder, desde luego, del hubieran imaginado cualquiera de sus antecesores tras la muerte de Franco. Pero no le vale para nada. Con un Parlamento cerrado en la práctica, con unas torpes y reiterativas comparecencias de prensa en las que naufraga de forma evidente a pesar de haber cercenado a los periodistas por completo la posibilidad de preguntar con libertad y con un jefe del Estado al que tal vez no le guste en demasía lo que está ocurriendo pero que nada más puede hacer habida cuenta de los esfuerzos crecientes por estrecharle el margen. ¿Quién sería el primero en decirle a nuestro presidente que, en términos generales, podía ser casi tan importante como el Rey?

Gobierno de ‘cooperación’, no de ‘concentración’

Suenan con volumen creciente ecos de crisis. La vía de un gobierno de ‘cooperación’, que no de ‘concentración’ -término que incomoda a los que sostienen que bordearía la Constitución- parece cada vez menos inverosímil. Falta por despejar la duda de si con Sánchez… o sin él. Me cuentan que, si aceptara echarse a un lado y ceder la primogenitura a Nadia Calviño, Bruselas podría comenzar a otorgarnos, en horas 24, ingentes cantidades que necesitamos como el comer si no queremos que a partir del próximo 1 de mayo los impagos comiencen a ser masivos y no pueda garantizarse ni el confinamiento ni tan siquiera el orden público. ¡Cuidado! No hablo de un gobierno de tecnócratas impuesto desde instancias ajenas a la soberanía nacional. En Italia se intentó con Mario Monti en 2011 y fue una catástrofe. Esto es otra cosa. Bruselas quiere, simplemente, que el Ejecutivo español garantice plenamente la seguridad jurídica, que España deje de promulgar decretos con discreto sabor venezolano y que no revienten las costuras del déficit público de la cuarta economía de la Eurozona.

Me cuentan que en la ‘fábrica de ideas’ cunde la alarma. Que el mito se viene abajo y le puede la astenia. Que hay que construirle leyendas a toda velocidad. Me explican -en el complejo de La Moncloa trabajan miles de personas- que como no hay patrón, los marineros se amontonan. Hace semanas que escuchamos que además de Robles y Calviño, Duque y Marlaska habrían dicho en privado que no aguantan más. Que si pudieran se iban, que están hartos. Que o ellos, o Podemos. Hace algunos días pedí a Sánchez, como humilde ciudadano que no le ha votado y al que le gustaría otro presidente, que diera un puñetazo en la mesa y tomara las riendas. Hoy creo que ya es tarde.
¿Quosque tandem, Pedro, abutere patientia nostra?

¿Quién será el primero, de entre los tuyos, en gritarte: ¡’El emperador está desnudo’!?

Sí, presidente. El Emperador eres tú.

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