José Luis Gómez – A vueltas con España – La salida de Cataluña.


MADRID, 22 (OTR/PRESS)

Las disputas entre las nacionalidades históricas, Cataluña y País Vasco fundamentalmente, y el Estado central no son de ahora, vienen de muy atrás. En una conversación para un libro de Planeta sobre España, Manuel Fraga me lo recordó con claridad: de los cuatro problemas gordos que tenía España hace un siglo, queda uno por resolver, el territorial.

Los otros tres están encauzados: uno es la forma de Estado, ya que la monarquía no está en discusión; otro es la religión, que fue un problema tremendo, como se vio en las guerras carlistas, también en la Guerra Civil del 36, y el tercero es el modelo económico y social, compartido, con matices, por gobiernos socialdemócratas y conservadores, incluso ahora que hay crisis del propio sistema. Queda, pues, el cuarto problema: el territorial, aunque, claro, como apuntaba también el fundador del PP, habernos quitado tres, tampoco está mal.

No reconocer el problema territorial de España, lejos de ser una solución, es un error que se suma al propio problema. En eso Fraga demostraba tener al menos un buen conocimiento de la historia y perspectiva política suficiente para gestionar ese cuarto problema no resuelto. Ideas suyas como la administración única en las comunidades o el Senado de corte federal siguen estando ahí.

La visión panorámica de Fraga prueba que no es necesario ser independentista o nacionalista para entender la dimensión del problema territorial de España, de ahí que sorprenda tanto la simplificación que hacen ese gran problema algunos de sus alumnos del PP, cuando lo reducen todo a un asunto de dinero o a una mala gestión de CiU y del tripartito en la Generalitat.

Ojalá fuese todo un problema financiero, porque eso se compra. Ya lo intentó Felipe González con Jordi Pujol cuando le preguntó cuánto cuesta el hecho diferencial, sin obtener respuesta. La salida pasa por el diálogo y el pacto, dado que la solución -si existe- debe ser multilateral o cuando menos bilateral; nunca unilateral. Entre otras cosas, porque no sería viable ni para unos ni para otros.

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