«Madrid: la envidia de una cierta izquierda y su afán por destruirla con ayuda de los independentistas»

"Madrid: la envidia de una cierta izquierda y su afán por destruirla con ayuda de los independentistas"

Madrid y los madrileños, que son todos los que viven en la capital de España, deben defender la ciudad y la Comunidad con uñas y dientes porque una parte del Gobierno nacional, algunos independentistas catalanes, baleares y valencianos, y la patronal catalana Fomento del Trabajo (FT), se mueren de envidia y la quieren estrangular y quitarle brillo.

Lo más llamativo de este aquelarre extractivo contra Madrid es que FT, hija de quienes desde siglos han pedido aranceles para los productos extranjeros con los que defender su industria, poco competitiva en varias ramas, aunque empobrecieran al resto de España, exija al Gobierno que impida que Madrid baje impuestos,en lugar de demandar a la Generalitat que los baje ella.

Y los madrileños, que primero soportaron las zancadillas de Pasqual Maragall cuando escribió en 2001 que “Madrid se va” porque el Gobierno central, según él, la favorecía en detrimento de Barcelona; que después aguantaron la patraña de que les llamaran ladrones con el “Madrid nos roba”, y que aún hoy encajan desprecios de algunos celosos, deben seguir defendiendo las ventajas y los inconvenientes de ser capitalidad, haciendo frente, con gallardía y tesón, al intento de determinadas fuerzas de izquierda en el Gobierno, conectadas con nacionalistas periféricas, de intervenir y limitar sus facultades autonómicas y municipales para reducir su poder de irradiación sobre el conjunto de España e imán para los capitales extranjeros, que en 2018 supusieron el 85% de los instalados en toda España.

Madrid, ciudad de acogida en donde mandan más lo llegados de otras provincias que los nacidos en ella, como lo demuestran el peso y la influencia que tienen los lobby gallego, asturiano, cántabro, vasco, navarro, aragonés, catalán, valenciano, andaluz, extremeño, canario. Madrid, ascensor social, centro financiero de creciente importancia que acoge un 38% de las sedes de filiales extranjeras; hegemónica en irradiación cultural, según el Observatorio de la Fundación Contemporánea; nudo de comunicación sin parangón con Hispanoamérica (el aeropuerto Adolfo Suarez-Madrid/Barajas es el 5º de Europa y el 15º del mundo, y el polígono Cobo-Calleja el centro logístico chino más grande de España, del sur de Europa y del norte de África), es punto central de un sistema radial de transporte por carretera y ferrocarril de alta velocidad que está entre los dos mejores de Europa. Madrid, sede de centros de altos estudios económicos y empresariales (IESE, IE, ICADE, DBS, CEEC) que encabeza el IESE Business School como el mejor del mundo, según el ranking Executive Education del Financial Times, y en el que los demás están entre los 15 más importantes; con la tercera red de Metro más extensa de Europa, después de Londres y Moscú, en donde el 80% de los vecinos está a poco más de 500 metros de alguna de sus 300 estaciones; cuya demografía (6.600.000 habitantes) crece más que cualquier otra ciudad española y a un ritmo de 70.000 al año, que alcanzará los 10 millones cuando se materialice la sempiterna Operación Chamartín, y con una amplia red de hospitales de referencia mundial y ambulatorios en cada barrio. Madrid, lugar de referencia para Congresos y Exposiciones gracias a IFEMA, que aporta el 1% del PIB de la capital (cifrado en 133.129 millones, un 12% del PIB nacional), después de que le levantaran la prohibición franquista de competir en estas lides con Barcelona, Valencia y Elda (Alicante), y en la que su área funcional –territorio en el que sus habitantes trabajan mayoritariamente en la capital- es la tercera más importante de Europa, después de Londres y París, según datos de la CE, y que sus empresas con más de 500 empleados suponen el 40% de las que hay en España de esas dimensiones. Madrid, abierta y acogedora, con la fiscalidad más baja de España, con 11 de los 20 municipios más ricos del país en sus 8.022 km2 (la sexta más pequeña, después de Baleares, Cantabria, Rioja, País Vasco y Canarias), con la mayor aportación al fondo de solidaridad nacional (19.205 millones), el crecimiento más alto en su PIB (230.974 millones en 2018, según el INE), la que más recauda y la más fraternal, ya que de los 78 mil millones que ingresa al año, 60.800 van al Estado o son distribuidos entre el resto de CCAA. Este éxito concita la envidia de independentistas y comunistas, pero no para copiar su sistema fiscal, ayudas a pymes y emprendedores, y organización sanitaria y educativa, sino para atacarla y frenarla. ¡Cainismo!

Y en este aherrojamiento se ha significado también el presidente de la Comunidad Autónoma de Valencia, Joaquim Puig i Ferrer, incapaz de impulsar la suya porque está en el bando de los que van contra los ricos para que solo haya pobres, que ha calificado, el muy villano, de “ineficiente, injusta e insostenible” la “macrocefalia política, económica y financiera” de Madrid. Para quien “el efecto capitalidad” se traduce en “un poder institucional que alberga todos los ministerios, todos los órganos representativos y todos los tribunales estatales”, y en el plano económico en “un dumping fiscal antipatriótico y perjudicial para el resto de comunidades”. Y estas sandeces las dice quien gobierna con independentistas, quien no quiere bajar los impuestos propios para reactivar la economía, sino subirlos; quien falta al respecto a los madrileños que llenan sus playas y compran sus segundas residencias, quien busca destruir lo ajeno en lugar de copiar lo bueno de lo ajeno. Oculta que Paris, Londres, Estocolmo, Moscú, …, son capitales de Estados fuertes en donde radican, por ser capitalidad, todos los órganos del Estado, con independencia de que esos órganos tengan delegaciones en otras ciudades. Esto último es lo que se llama presencia del Estado, que los independentistas trabajan para que disminuya y los gobiernos del PP y del PSOE para satisfacerles. Puig desconoce que en Roma radican todas las instituciones del Estado, pero que Milán es la capital económica de Italia, como lo fue Barcelona desde Felipe II, hasta que sus actuales gobernantes se volvieron locos y decidieron hacer lo que han hecho, provocando la salida de empresas y la negativa de otras a instalarse, la caída del PIB, la huida de capitales extranjeros y turistas, y la negativa de muchos cuerpos de funcionarios (jueces, magistrados, fiscales, guardias civiles, policías, aduaneros) a cubrir vacantes en Cataluña porque su residencia en esa tierra española se ha convertido en tóxica para ellos y dictatorial y adoctrinadora para sus hijos en edad escolar. A este mitinero le hospedaría un tiempo en Buenos Aires para que sepa de verdad lo que es el centralismo y otro en la región autónoma de Mongolia para que la compare con la de Valencia. Puig silencia que todas las capitales de las Comunidades Autónomas (y de los Estados en las Federaciones) son centralistas en su territorio por principio, empezando por Valencia con respecto a Alicante y Castellón de la Plana. Y si no que se lo digan a los vascos con Bilbao, a los gallegos con Santiago, a los catalanes con Barcelona, a los andaluces con Sevilla, a los aragoneses con Zaragoza, a los castellano-leoneses con Valladolid. Y suma y sigue.

Como ha subrayado Ángel Garrido García, “internacionalmente un Estado fuerte se visualiza si las instituciones están en una capital potente”. ¡Naturalmente!, por eso lo que Puig, populistas e independentistas quieren es un Estado débil con una capitalidad famélica. ¿Hay que recordar ahora que ni Castilla-La Mancha ni Castilla-León quisieron integrar a Madrid en su futura Comunidad Autónoma?

Autor

Jorge del Corral

Hijo, hermano y padre de periodistas, estudió periodismo en la Escuela Oficial de Madrid. Ha trabajado en cabeceras destacadas como ABC y Ya. Fue uno de los fundadores de Antena 3 TV. Miembro fundador de la Asociación de Periodistas Europeos (APE) y del Grupo Crónica, creador de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV) y fundador de la Unión de Televisiones Comerciales (UTECA). Un histórico de la agencia EFE, donde fue subdirector y corresponsal en Roma.

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