Rubén Serrano Alfaro: «Hola UE: ¿cómo estás?»

Rubén Serrano Alfaro: "Hola UE: ¿cómo estás?"

Atravesamos tiempos de gran volatilidad, incertidumbre e inestabilidad mundial. El creciente descontento social por las malas gestiones de los distintos gobiernos en sus respectivas esferas nacionales ha provocado una ola de quejas masivas y protestas a nivel mundial durante este pasado año 2019. Sudamérica es una bomba de relojería que en cualquier momento puede estallar, el Medio Oriente está atravesando una situación crítica vista la situación de países como Siria, Israel, Irak o el Líbano. Por su parte, Rusia y China siguen con su juego de autoritarismo casi totalitario que ha llevado, sobre todo en China, a claras vulneraciones de derechos humanos en regiones como Xinjiang (detenciones y lavados de cerebro a la minoría musulmana) o en la tan conocida región semiautónoma de Hong Kong. Tampoco hemos de olvidar la gran superpotencia cuya hegemonía es cuestionada cada vez más: Estados Unidos. Este “gran” Estado, que se ha mantenido en el ojo de mira del planeta entero durante más de un siglo ya, lleva cuatro años siendo liderado por un presidente altamente controvertido y con un carácter extremadamente conflictivo (si no pregúntenselo a Irán), además de ser un rotundo negacionista en temas tan obvios como el cambio climático.

¿Y Europa? ¿Qué decir de Europa? Pues el “viejo continente” no iba a ser menos. Europa se ve envuelta por quejas continuas en Francia (chalecos amarillos, reforma de las pensiones etc.), una Italia extremadamente vulnerable vista su inestabilidad gubernamental, Alemania que ha acabado 2019 con una deceleración económica, España que sigue su eterno conflicto interno con Cataluña y, por encima de todo, Gran Bretaña que, tras meses interminables de incertidumbre europea y global, ha abandonado por fin (al menos formalmente) la Unión Europea. Además, constatamos problemas transversales que afectan y/o van a afectar a la totalidad de miembros de la Unión Europea en un largo plazo más corto que nunca. Una crisis económica inminente frente a la vulnerabilidad de muchos países miembros, un envejecimiento poblacional palpable en toda la UE, una crisis de refugiados sin precedentes recientes y un movimiento ultraderechista al alza, son claras muestras de estos problemas. Y sí, una derecha radical que tanto aterró a Europa durante el siglo XX, y que, aunque con unos ideales ciertamente más moderados, ha estado a las puertas de llegar al poder en países como Francia con la campaña de Le Pen hija en 2017. La inclusión de Vox en varios gobiernos autonómicos en España, gobiernos estatales como el de Austria o Italia que han llegado a estar conformados por coaliciones que incluían partidos de extrema derecha, y Hungría que, a día de hoy, sigue estando dirigida por Viktor Orbán, son algunos otros ejemplos de este movimiento creciente.

Es un hecho indudable que todos los desafíos mencionados hasta ahora son sumamente importantes para la UE, teniendo en cuenta que tienen y tendrán un enorme impacto sobre el desarrollo de ésta. No obstante, desde mi más profunda humildad, considero que, a día de hoy, las dos cuestiones más relevantes y acuciantes para la UE son:

-El camino que la Unión quiera tomar tras el primer abandono de la organización internacional por parte un país miembro desde que ésta se denomina Unión Europea (anteriormente Groenlandia, salida sin secesión, y Argelia, con una salida no negociada, habían abandonado otras Comunidades Europeas existentes por aquel entonces).
-Su reacción frente al cambio climático, que es una cuestión que hemos de afrontar de manera inminente si queremos que nuestro planeta Tierra, como lo conocemos, subsista.

El Brexit deja un futuro incierto, pero una actualidad en la que los 11 meses del periodo de transición van a ser fundamentales para definir esta incertidumbre europea: las negociaciones que lleven a cabo el Reino Unido y la UE relacionadas con el Mercado Único y la Unión Aduanera de la Unión Europea darán, en principio, la ansiada solución a este conflicto interminable. El acuerdo de retirada con el que Boris Johnson finalmente consiguió el consenso del Parlamento Británico se limitó a asegurarse de que no hubiese lagunas jurídicas cuando dejase de aplicarse automáticamente el Derecho Europeo en el RU a partir del 1 de febrero de 2019. Es decir, el acuerdo prolonga las normas europeas para que puedan seguir siendo aplicables en el RU durante un plazo determinado, y así evitar una secesión brusca. Para ello, creó este periodo de transición en el que los reglamentos y directivas europeas se prolongarán hasta el 31 de diciembre 2020, fecha en la que finaliza el periodo. Cuestiones relacionadas con pasaportes, visados, sanidad, turismo, comercio etc. permanecerán casi intactas ya que la principal función del llamado “Brexit Deal” es estabilizar el proceso de salida del RU. A partir de aquí, el acuerdo comercial negociado entre la UE y el RU durante el periodo de transición será el “quid” de la cuestión, pero el tránsito de ciudadanos europeos y británicos de un territorio al otro, además del estatus que mantendrán los actuales residentes británicos en Europa y viceversa, son también una gran preocupación. Por no hablar de la frontera irlandesa, que en principio no seguirá el “backstop plan” de May (cláusula que tan criticada fue por ambos sectores británicos), pero que también deja un camino a la incertidumbre de si el sistema híbrido propuesto por Johnson será suficiente para contentar una isla con un futuro complejo – más aún con la victoria de Sinn Féin, partido político partidario de la unificación de Irlanda, en las elecciones de hace unas semanas.

En definitiva, los acuerdos a los que lleguen el RU y la UE serán esenciales para determinar el futuro de esta organización internacional, creando un escenario sin precedentes. Es más, el precedente que ha dejado y que va a dejar el RU una vez finalizado el periodo de transición puede convertirse en una fuente de conflicto entre la UE y otros estados miembros que pretendan seguir los pasos de los británicos. Por ello, el modelo de relación futura del RU con la UE, sea el modelo noruego, el suizo, el “acuerdo de libre comercio de última generación”, el turco o el del OMC – escenarios futuros propuestos por la revista jurídica de El Cronista en su edición titulada Brexit (Madrid, 2016) –, tendrá una gran influencia sobre la Unión, en términos de su desarrollo económico, social y político.

Finalmente, sin el afán de extralimitarme en un artículo cuyo principal objetivo es aclarar el presente y futuro de la UE, analizaré brevemente el factor del cambio climático. Hoy en día, es un hecho certero que la contaminación atmosférica, hídrica y del suelo están más presentes que nunca, causando un aumento sustancial de las temperaturas, un nivel del mar en alza y unas superficies terrestres a la merced de residuos no biodegradables. En 2019, la selva amazónica ha atravesado su peor año de incendios forestales desde 2010, y la situación no parece mejorar. Mientras que el “pulmón del mundo se quema” bajo la mirada del controvertido y autoritario presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, Australia atraviesa una situación aún más grave: más de 10 millones de hectáreas quemadas y casi dos mil millones de animales muertos.
Con la Agenda 2030 y el Acuerdo de París en la cabeza, combinados con el Proyecto Verde propuesto en diciembre del año pasado por la nueva Comisión Europea (presidida por Von der Leyen), las bases en las que la UE ha de sustentarse para combatir el cambio climático están más que establecidas. Sin embargo, para alcanzar sus objetivos, la Unión deberá actuar con certeza y paso firme, venciendo a su vez reticencias internas como la del eje de Visegrado, integrado por Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia; pero también la de Alemania, temerosa del enorme coste de la transición hacia una economía sostenible. Si esto se consigue, será solo un paso, ya que el factor de persuasión que tome la UE a nivel interno será indispensable para luego externalizar la presión a nivel internacional. Chirac lo dijo en su día en su discurso un tanto visionario en Johannesburgo: “Nuestra casa se quema y estamos mirando para otro lado”. Actuemos…

PD: para prevenir cualquier tipo de histeria, el COVID-19 no ha sido objeto de este artículo. Ciertamente es un tema acuciante y, hoy por hoy, probablemente una de las principales preocupaciones ciudadanas a nivel mundial. No obstante, desde mi posición de estudiante nesciente, he preferido no abrir la caja de Pandora que tanto está permitiendo a millones de personas opinar cual Ramón y Cajal. Vivamos con cuidado; relativicemos; pensemos…

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