La industria farmacéutica mueve más dinero que el narcotráfico y todo lo proveniente del mundo del hampa

Necesitamos políticos a la altura de los tiempos. ¿Quién nos defenderá de los falsos filántropos, la industria farmacéutica y otros enemigos?

Necesitamos políticos a la altura de los tiempos. ¿Quién nos defenderá de los falsos filántropos, la industria farmacéutica y otros enemigos?

¿Por qué se apartó Italia del programa de vacunación obligatoria? De nuestro gobierno no podemos esperar una explicación veraz, pero tenemos una esperanza en la oposición. Por eso le exigimos que esté a la altura de los acontecimientos y nos dé una explicación sobre lo ocurrido a los militares italianos vacunados obligatoriamente. Según informa la doctora Chinda Brandolino, Italia –aparte de otras razones— estaría siendo castigada con el coronavirus por haberse opuesto a la vacunación obligatoria, es decir, por enfrentarse a la presión de las farmacéuticas. Esto es de una tremenda gravedad, pero sus divulgadores se valen de documentos concluyentes. Estos son los antecedentes del hecho: Italia había sido sometida al programa de vacunación obligatoria durante el anterior gobierno socialista por un convenio con el expresidente Obama, pero abandonó el programa debido a los gravísimos efectos secundarios de las vacunas.

A principios de 2019, el personal militar italiano, a su regreso de las misiones de las Naciones Unidas, padecía gravísimas enfermedades autoinmunes y oncológicas. Los militares destinados a estas misiones se habían vacunado con las siete vacunas que están obligados a inocularse. Ante un hecho tan alarmante, el parlamento italiano encargó una investigación a la comisión Corvelva, de Verona que unos meses después declaro, por boca de la científica Loretta Volga que las vacunas contenían 63 tóxicos desconocidos. He dicho bien: 63 tóxicos desconocidos. Esta declaración pública fue de gran impacto para los fabricantes. Lo grave es que estas vacunas no se han modificado y que según las palabras de la citada forense Brandolino se han enviado o se están enviando a otros países.

Los emporios farmacéuticos no son precisamente hermanitas de la caridad deseosas de curar nuestros males. Muy al contrario, llevan desde años cronificando enfermedades para mantenernos como clientes fijos. Eso lo hacen –aparte de otras vías— a través de la dinámica de los congresos de médicos, celebrados en resorts de lujo con todos los gastos pagados, en los que, como por arte de magia, los valores de la glucosa, el colesterol o la hipertensión a partir de ese momento bajan su rango de peligrosidad. De un día para otro, todos enfermos porque la corrupción médico-científica así lo ha decidido. Y, claro, todos a tomar la pastillita porque somos prehipertensos, prediabéticos y preidiotas que tragamos todo lo que viene desde la oficialidad. Esto es solo un ejemplo, pero hay muchos más que ponen al descubierto la corrupción en las altísimas cúpulas de la sanidad mundial, de las que la OMS también es partícipe, además de la mayoría de los gobiernos del mundo. Otra de las partidas económicas de estos enemigos de la humanidad disfrazados de benefactores, son las vacunas. No quiero decir, como ya expliqué en otras ocasiones, que estemos en contra de las vacunas per se. Otra cosa es que consideremos, en función de estadísticas y estudios de expertos, que algunas vacunas son innecesarias y que otras están causando demasiados efectos secundarios. Por ejemplo, la cada vez más cuestionada de la gripe, y lo digo basándome en opiniones de virólogos, especialistas y en los estudios al respecto. Lo mismo podríamos decir sobre la VPH contra el papiloma humano o la triple vírica, más que sospechosa de causar  autismo en los niños. Aunque se acalle en los medios del sistema, ha aumentado la ratio de niños autistas, pero las autoridades sanitarias en lugar de hacer investigaciones rigurosas, se guían por los datos de las multinacionales interesadas y condenan a quien ose llevarles la contraria, como en el caso del doctor Wakefield y otros disidentes. Pero el avance de los niños padeciendo síntomas del espectro autista va en aumento, sin que a los padres se les dé una solución. No estamos en contra de las vacunas como tales, sino contra algunos de sus componentes y, sobre todo, de la escasa transparencia en torno a ellas.

¿Y por qué los políticos acceden a la presión de las farmacéuticas? La respuesta es clara. La industria farmacéutica mueve más dinero que el narcotráfico y todo lo proveniente del mundo del hampa. Y, curiosamente, dedican mucho de este dinero no solo a financiar campañas políticas, sino a engrosar las cuentas privadas de políticos y funcionarios importantes. Los lobbies de los laboratorios farmacéuticos y agroquímicos –son los mismos—tienen las oficinas en las inmediaciones del Parlamento Europeo. Ni siquiera se ocupan de despistar, van a las claras. Así se entienden muchas de las medidas tomadas contra la sociedad “por votación” como la moratoria del uso del glifosato y otras altamente perjudiciales para la salud.

En las próximas elecciones, si es que las hay o no son al estilo de Venezuela, deberá importarnos menos lo que los políticos prometan en infraestructuras o prestaciones sociales, y deberemos tener más en cuenta que nos garanticen nuestras libertades individuales y, más en concreto, el derecho a decidir algo tan importante como si queremos vacunarnos o no. No es ninguna broma lo de la vacuna, dado que nos estamos prestando a que nos inoculen sustancias que solo conocen sus fabricantes, o incluso microchips, y no estoy hablando por hablar. Aparte de la Constitución, que garantiza nuestros derechos individuales, en España tenemos la Ley de autonomía del paciente que nos protege y otorga la libertad de someternos a un determinado tratamiento o rechazarlo. Pero como todo está cambiando tan deprisa y en este momento de encierro obligatorio se han suspendido todos nuestros derechos, no sabemos muy bien si algún día nos serán devueltos o quedaremos a merced de esta gente que nos quiere como simples esclavos sin criterio ni opinión.

Si hace un mes nos dicen que íbamos a estar en nuestras casas, sin derechos, con unos medios de comunicación intoxicándonos con los ataúdes del miedo, con la policía pidiendo la identificación de gente normal por el hecho de ir a comprar o a pasear el perro, con los vecinos increpando a los papás que salen con niños porque así lo requiere su salud, no lo hubiéramos creído. Por eso creo que se está testando nuestro grado de sumisión, a ver si tienen que gasearnos o no. Perdón por la hipérbole, pero no hay que extrañarse de nada y hay que desconfiar de todo.

Retomo las palabras del principio. Tenemos un gobierno socialcomunista –más comunista que social— que ha demostrado no estar a la altura, pero no estamos viendo una oposición en la que poder confiar. Acabamos de saber que Casado no apoyará las nuevas medidas si no se modifican, pero eso y nada es todo uno. Me pregunto qué están haciendo los políticos de la oposición y qué políticas piensan hacer contra los manipuladores. ¿Continuarán en la línea de manipulación? ¿Sabe Abascal, Ortega Smith, Casado o Cayetana y el resto de dirigentes que, en economía y en política las cosas raramente son lo que parecen y que las causas hay que buscarlas en oscuros despachos de gente poderosa que lleva gobernando el mundo, tras bambalinas, desde hace siglos y, de manera más palpable, en los últimos años? ¿Conocen los dirigentes políticos las intenciones de los globalistas del Nuevo Orden Mundial, de someter y apaciguar a la humanidad a través de varias estrategias, entre ellas, posiblemente las vacunas? No por las vacunas en sí, vuelvo a decir, sino por sus componentes tóxicos. Les aconsejo que lean a Eric Drexler y sus vaticinios sobre la nanotecnología si su uso no iba  aparejado con la ética. ¿Algún partido de la oposición se opondrá a la vacuna obligatoria?

En estos momentos especiales necesitamos políticos especiales. No solo que sepan economía o que rebajen impuestos, sino políticos que conozcan ciertos entresijos de la estrategia de los globalizadores. Necesitamos políticos que dejen de mirarse al ombligo y que, por poner un ejemplo, miren a nuestros cielos y nos expliquen qué son las dichosas cuadrículas que forman los misteriosos aviones, que nos digan qué aspergen a la atmósfera que hace que los cultivos se sequen, que las abejas se mueran y que los campesinos recojan madejas extrañas de no se sabe qué, aparte de las concentraciones anormales de aluminio en sus terrenos. Necesitamos políticos que estudien toda la información elaborada por científicos independientes –no pagados por las multinacionales de la telefonía—sobre lo que supondrá la implantación de la Red 5G para la vida y la salud del planeta. Necesitamos que nos confirmen si es cierto que están aprovechando el confinamiento para tener las calles libres e instalar las torres y demás infraestructuras para el 5G. Necesitamos que nos digan algo sobre los animales muertos, sobre todo pájaros, que están apareciendo en los lugares donde está funcionando la Red 5G. Necesitamos políticos formados en el llamado cambio climático real, más allá de la falacia que nos venden los globalistas con sus Gretas y Gretos. Necesitamos políticos que tomen como asesores a científicos éticos y no a amigos oportunistas para que les bailen el agua y les regalen el oído.

No sé si existe algún partido político que se haya preocupado por estos y otros extremos de los que no hablan los grandes imperios de noticias, que deciden qué hay que publicar y qué no, de los que los medios de cada país hacen seguidismo borreguil e interesado Más allá de cualquier ideología política o religiosa, quizá sea el momento de crear una plataforma ciudadana internacional para luchar por los derechos que nuestros políticos al uso nos quieren arrebatar definitivamente. Quizá haya llegado la hora de salvarnos a nosotros mismos.

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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