José María Carrascal

No son tiempos de alegrías

No es hora de reproches, sino de admitir errores y corregirlos

No son tiempos de alegrías
José María Carrascal. PD

ERA tiempo más que sobrado de que se descubriese que quien robaba a los catalanes era su clase dirigente y que Podemos es un marxismo-leninismo con coleta. Lo habíamos dicho algunos hace mucho tiempo, pero se nos tachaba de exagerados y cosas peores que no vale la pena recordar.

Hoy, los acusados de robar a los catalanes son sus dirigentes, mientras Pablo Iglesias ha dado sobradas muestras de que prefiere el modelo leninista al liberal, no sólo entre los suyos, sino también entre los que saludaron su irrupción en la escena política española, que sienten su mordedura.

Sin embargo, no nos sentimos alegres. Ni satisfechos siquiera. El «Te lo dije» no arregla nada y los problemas siguen más graves que nunca. Así que no queda más remedio que aplicarse en busca de su solución. Si la tienen.

¿Por qué buena parte de los catalanes continúan apoyando a quienes les han no sólo mentido sino también robado todos estos años? La explicación más a mano es que el lavado de cerebro a que han sido sometidos durante ese periodo por los autores del engaño y el latrocinio ha sido tan masivo y a fondo que costará tiempo eliminarlo. Influye en ello lo que la criminología denomina «síndrome de Estocolmo»: en todo delito de larga duración, la víctima desarrolla una dependencia hacia el verdugo, que en modo alguno le excusa, pero que facilita su fechoría. Sobre todo si le convence de sus razones.

Y en Cataluña aún hay muchos que creen que la independencia será gratis, rápida e incluso legal. Como en el resto de España hay muchos que siguen creyendo que Iglesias va a convertirla en una Dinamarca, no en una Venezuela de Maduro.

Hay otras razones no menos poderosas, como el cabreo por la crisis, la corrupción de los partidos y la resistencia de todo español -y tanto los catalanes como los podemitas lo son- a reconocer que se ha equivocado y la no menos poderosa colaboración de nuestros políticos al auge de un nacionalismo catalán que pronto se vio no iba a contentarse con la autonomía.

¿Quién hizo a Pujol «el hombre más poderoso de España», haciendo gobiernos de izquierda o derecha? ¿Quién hizo a Pablo Iglesias uno de los personajes más famosos del país?

Pero repito. No es hora de reproches, sino de admitir errores y corregirlos. A día de hoy sabemos perfectamente lo que quieren tanto Mas y Junqueras como Pablo Iglesias Los unos, separar Cataluña de España.

El otro, acabar con el sistema que nos hemos dado. Si alguien nos viene con el cuento de que «el diálogo es la solución del problema catalán» hay que mandarlo a freír espárragos. Si insiste en la alianza con Podemos para solucionar los problemas españoles, lo mismo, pero acentuado.

La única solución es la aplicación de la ley. Sin embargo, vemos que vuelve la non sancta alianza de «todos contra el PP». Justo cuando España alcanza un prestigio en Europa que no había tenido en tiempos modernos.

Es lo que nos impide estar alegres.

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