Jorge Bustos

La cofradía del santo blanqueo de ETA

La cofradía del santo blanqueo de ETA
Jorge Bustos. PD

De su arsenal más mortífero nunca se desprenderá ETA por dos razones. La primera porque no se trata de armamento material sino espiritual, es decir, de las ideas que inspiraron sus series de asesinatos.

Unas ideas -el nacionalismo y el comunismo- que se han revelado demasiado eficaces para fomentar el crimen masivo -y después justificarlo- como para que sigamos creyendo que no son intrínsecamente perversas.

El nacionalismo es la guerra, sentenció Mitterrand, y el terrorismo tan sólo es la modalidad cobarde y low cost de la guerra. El comunismo, por su parte, santifica el robo, pero como la gente se resiste a que le roben lo que es suyo, al final hay que matarla para quitárselo, como tiene muy bien explicado Federico Jiménez Losantos.

ETA hacía muy bien lo propio del nacionalismo y del comunismo. Pero no puede entregar su ideología por una segunda razón: porque nadie se lo ha pedido. Y no se lo piden porque la suya es, con coquetas gradaciones, la misma necrófila ideología que aún profesan demasiados.

Si la derrota de ETA no sirve para echar una gruesa palada de tierra sobre sus pretextos teóricos, que se resisten a morir, habremos perdido una oportunidad histórica para secar la fuente profunda y recurrente del terror.

Se alegará que un etarra siempre fue un sujeto demasiado primario como para imaginarlo leyendo a Lenin, siquiera a Arana. Y es verdad: ETA nunca fue otra cosa que una mafia de paletos sociópatas que se metían a pegar tiros porque les parecía más romántico que follar cabras. Pero los del gatillo sólo servían a mentes ligeramente superiores permeadas por tres o cuatro lecturas deformantes.

Luego están los tontos útiles, los artesanos de la farsa, los nuevos políticos marchando solemnes en la cofradía del santo blanqueo, quizá porque han nacido demasiado tarde para que mataran a alguno de los suyos y porque su empatía selectiva no acierta a imaginar cómo se siente su adversario de escaño en el funeral de un compañero. Y otro día hablaremos de los vascos. Y de las vascas.

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