Santiago López Castillo

¿Y si te damos de hostias?

¿Y si te damos de hostias?
Santiago López Castillo. PD

Las Cortes se han convertido en una cloaca, en una inmundicia, en un rifirrafe barriobajero donde unos niños de papá, perro-flautas, sinvergüenzas, están mostrando su falta de educación y urbanidad tirándose uno pedo, qué digo uno, cientos. Tetas fuera, besos a lo maricón, de tornillo, insultos blasfemos, power gay, somos la hostia, y nos la refanfinfláis por delante y por detrás y a todas horas.

En esta carrera de mal hablados, hay que mostrar quiénes son estos deslenguados. El tal Rufián, a bote pronto, es un ser infame, sin honor, perverso, despreciable, que también se dedica al tráfico de mujeres, señoras feministas, léanse la RAE, háganme el favor. Estamos aguantando estoicamente los insultos de esta banda de indocumentados que, seguro, no sabe lo que es la banda municipal.

En estos cuarenta años como responsable de la información parlamentaria de TVE, jamás oí una voz en el hemiciclo más alta que otra. Ahora, no; ahora, estos deslenguados se mofan y se ríen de sus congéneres, esos pollos criticados pero con los que comparten sueldos pantagruélicos y eso que combatían a la casta. No. Una voz como la de Rafael Taibo, la voz de RNE, Clásica, no oirá más este léxico soez:

– ¡Usted, me la pela!

El exabrupto, derivado del bar barriobajero pero que ha dado tanta literatura popular, podría volverse del revés.

– ¿Y si le damos de hostias?

– ¿Quiénes? Nosotros a vosotros. Deslenguados.

Porque son cansinos. Pollo-peras. Incitadores. Tan sólo viví un incidente que me obligó a acudir ante la justicia en calidad de testigo. Fue en el Supremo habida cuenta la condición de aforados de los parlamentarios. Juan María Bandrés denunció a Ricardo de la Cierva por insultos en un pleno. El juez me preguntó que qué me parecía el exabrupto del parlamentario vasco.

– Que me parecía un tanto exagerado habida cuenta de que yo mantenía buenas relaciones con ambos.

Eran otros tiempos. A lo más que se llegó fue a mandar a la mierda a Aznar. Le mandó con cajas destempladas Labordeta que no sólo cantaba en rima sino en prosa. Estos podemitas cantan según le salga de los cojones, que para eso son muy finos y deslenguados.

Y yo me pregunto: ¿por qué no se aplica el reglamento? Bono mandó ponerse la corbata al ministro Sebastián en una tarde tórrida, y en invierno la calefacción funcionaba a plena discreción.

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