El articulista de La Razón critica la chulería del 'chico para todo'

Alfonso Ussía finiquita a José Luis Ábalos y le pinta la jeta a su «leal gorila»

Koldo es el apodo cariñoso de Koldobika, Luis en vascuence. Se trata, por lo tanto, de Luisito, o Luisete, o Luisón, esta última opción, la más adecuada

Alfonso Ussía finiquita a José Luis Ábalos y le pinta la jeta a su "leal gorila"
Alfonso Ussía pone finos a Ábalos y a su escolta.

Alfonso Ussía ha seguido con mucha atención todo el ‘affaire’ del caso Ábalos con la turbia y clandestina reunión que mantuvo en horas de madrugada con Delcy Rodríguez, la número dos del régimen chavista de Nicolás Maduro.

El articulista de La Razón se fija especialmente en los modos gangsteriles que emplea el escolta y chico para todo del ministro de Transportes, Koldo García Izaguirre, y como este acabó poniéndose algo más que farruco con un vigilante del aeropuerto de Adolfo Suárez-Madrid Barajas que simplemente se limitó a cumplir con las funciones que tiene asignadas, que era controlar quién entraba y salía de las instalaciones:

Se trata de un individuo próximo a la total extrañeza, de fulgurante carrera política. Koldo es el apodo cariñoso de Koldobika, Luis en vascuence. Se trata, por lo tanto, de Luisito, o Luisete, o Luisón, esta última opción, la más adecuada. Luisón o Koldo ha sido durante años chófer y guardaespaldas de Ábalos, y destaca por su frondosa militancia sanchista. Como muestra de gratitud por su encomiable trabajo, Ábalos, ministro de Transportes, lo ha colocado como miembro del Consejo de Administración de RENFE. No obstante, cuando precisa de sus servicios, el consejero de RENFE, con capacidad ilimitada para confundir un Talgo con un AVE o un Mercancías, le acompaña a Ábalos si así lo demanda el señor ministro. Y Luisón, el gorila particular de Ábalos, le acompañó a Barajas para protegerlo de Delcy Rodríguez, la de las maletas que no fueron revisadas.

Ussía relata como los métodos del tal Koldo imponen tanto miedo que él mismo asegura, de toparse con el elemento en cuestión acabaría por meterse en un contenedor de resilduos, aunque fuese el de vídrio:

Cuando uno de los vigilantes de Seguridad le rogó a Koldo que se identificara, Koldo, amablemente, se encaró con él: –No tengo por qué identificarme–. Y no se identificó, porque Koldo impone una barbaridad. Si en alguna noche, cuando paseo y estiro las piernas, mi humilde ser se cruzara con Koldo, no tengo reparos en reconocer que del susto me incorporaría de inmediato al primer contenedor de basuras ubicado en la acera, y me lanzaría a su interior aunque fuera un contenedor de «Solo Vidrios». Porque Koldo se las trae, si bien parece que no actúa ni reacciona con la misma cordialidad y cortesía que el difunto Copito de Nieve.

Eso sí, el escritor y columnista tiene claro que por muy bien que desempeñe sus tareas el escolta de Ábalos, el ministro empieza a tener claro que sus horas están contadas:

Ahora nos informan de una nueva circunstancia relativa a la estancia ilegal de Delcy en Barajas. Se habilitó una sala especial para que descansara, y el ministro Marlaska supo de su escala en Madrid con 24 horas de antelación. Ábalos no está tranquilo, por mucho que lo afirme y por más que Koldo lo proteja. Y Marlaska, tampoco. Las cintas han sido reclamadas por una juez, y se puede armar la marimorena. Pero Luisón, que es lo importante, una vez más, cumplió con su deber. La lealtad de los gorilas es siempre encomiable.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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