LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Pedro Sánchez inocula a España un patógeno peor que el coronavirus, el ‘Torravirus’

Isabel San Sebastián: "Mientras el centro-derecha no construya una alternativa viable, no habrá vacuna democrática capaz de frenar la epidemia"

Pedro Sánchez inocula a España un patógeno peor que el coronavirus, el 'Torravirus'
El separatista Quim Torra, como Pedro (Sánchez) por su casa en el Palacio de La Moncloa.

La estampa vivida en la tarde del 26 de febrero de 2020 en el Palacio de La Moncloa dándole carta de naturaleza a los separatistas catalanes y además dejando que impongan su discurso es lo más comentado, casi al unísono en editoriales y columnas de la prensa de papel de este 27 de febrero de 2020.

El Mundo dice en su editorial que los independentistas, con Quim Torra a la cabeza, ya han logrado, amén de la foto de la vergüenza con un Pedro Sánchez entregado a los golpistas, que el Ejecutivo central asuma su lenguaje:

La principal victoria del independentismo es la asunción, por parte del Gobierno, de su lenguaje. En su comparecencia, Montero volvió a hablar de «conflicto político» y de «soluciones imaginativas», dejando claro que Sánchez está dispuesto a seguir cediendo para lograr el apoyo de ERC al primer escollo de los Presupuestos.

Arcadi Espada considera que Pedro Sánchez está demostrando su cobardía al aprobar una mesa que no es producto del diálogo:

El ejemplo de la mesa negociadora pesará gravemente sobre la política española –y sobre la europea– a lo largo de mucho tiempo. Y también sobre las estrategias que adopte el nacionalismo, en Cataluña y en la resta de España. No es probable, como digo, que en los próximos años haya en Cataluña ni en el País Vasco un referéndum de autodeterminación. Pero cualquier cosa que salga de esta insólita e inmoral negociación decidida por sánchez será presentada por el nacionalismo como el resultado de un acto heroico, sacrificial y al fin eficaz. Y el nacionalismo tendrá razón. Porque esta mesa no es el fruto del diálogo sino de la violencia.

Javier Redondo le mete el miedo a los de ERC insinuando las posibles intenciones de Pedro Sánchez:

La mesa, que es en realidad la Convención de Moncloa, nació coja, sesgada y con las suficientes omisiones a recaudo como para cumplir, mes a mes, las expectativas de las partes. Se ha habilitado como mesa de negociación de estrategias revisables entre adversarios íntimos donde ERC huele a chamusquina: ¿Y si Sánchez prefiere un Torra o equivalente en Cataluña porque piensa que eso le asegura el tripartito?

¿CONSTITUCIÓN? NO, «SEGURIDAD JURÍDICA»

El editorial de ABC critica que el Gobierno de Sánchez haya comprado el discurso de seguridad jurídica como sustitutivo de la Constitución Española:

Con la excusa de que la mesa de negociación con los nacionalistas catalanes será «difícil, larga y compleja», Pedro Sánchez creó ayer la excusa para que esta iniciativa dure el mayor tiempo posible y comprometa públicamente a Joaquim Torra, por si este quisiera cancelarla a corto plazo. Y por mucho que dure la mesa, y si se quiere mantener el imperio de la ley y las normas de la democracia y el Estado de Derecho, el resultado será siempre tan inútil como ayer quedó demostrado, pues los separatistas solo persiguen dos cosas: autodeterminación y amnistía para los golpistas, propósitos imposibles para cualquier Gobierno de la nación, salvo que esté dispuesto a prevaricar.

Por lo pronto, en el comunicado conjunto –en realidad un esmerado blablablá– se marca como eje de la negociación la «seguridad jurídica», pues parece que los secesionistas ya han convencido a Sánchez de que se olvide de la Constitución. Hace tiempo que ya les compró la teoría del «conflicto político» y ahora, el tocomocho de la «seguridad jurídica».

Álvaro Martínez está al borde de la lágrima viendo al racista de Torra disfrutando de los honores otorgados por Pedro Sánchez:

Daban ganas de llorar al contemplar al «racista» en el atril porque nunca sospechamos que desde La Moncloa se transigiera con quienes pretenden darle un sonoro puntapié a la Constitución Española ni que se encumbrara a una partida de separatistas para que hablaran de igual a igual al Gobierno de España. Colma la pena y el coraje comprobar que a aquel impresentable racista (en palabras de Sánchez) no solo se le cede La Moncloa sino que se le abre la sala reservada a las comparecencias de los líderes extranjeros que visitan el palacio presidencial, más grande y espaciosa que la que normalmente se dispone a los presidentes autonómicos (gente muy menor para el sanchismo) que acaban de entrevistarse con el presidente del Gobierno. En ese atril, en ese cambio de sala, en ese privilegio inmerecido a quien persigue dar un nuevo golpe de Estado y partirles la patria a los españoles, yace la igualdad de todos que consagra la Constitución. En ese atril, en definitiva, se esconde uno de esos días que se escriben en el libro de la historia triste de España.

Isabel San Sebastián clava de diez el encuentro Sánchez-Torra y sus adláteres:

Un patógeno mucho más letal para España que el coronavirus penetró ayer bajo palio en el Palacio de la Moncloa, abierto de par en par para él por quien juró defenderlo de los ataques enemigos. Entró por la puerta grande, precedido de la pompa reservada a los más ilustres visitantes foráneos, con un despliegue de cámaras como jamás se había visto y la insignia autonómica catalana colocada al mismo nivel que la bandera de España en señal de sumisión. El virus llamado Torra (Otegi, Puigdemont, Junqueras, Rufián, Urkullu, Iglesias) conduce a la destrucción de España, previa liquidación del régimen nacido de la Transición. Y, mientras el centro-derecha no construya una alternativa viable, no habrá vacuna democrática capaz de frenar la epidemia.

La Razón insiste en subrayar en que los separatistas catalanes no tienen la menor intención de rehusar a sus pretensiones de lograr el referéndum de autodeterminación y la salida de los políticos presos:

Pese a las buenas palabras y los comunicados de buenas intenciones, ni Joaquín Torra ni los representantes de las dos mayores formaciones nacionalistas renunciaron a un ápice de sus postulados maximalistas, concretados en la demanda de una amnistía para los golpistas y en el reconocimiento por parte del Estado del derecho de autodeterminación, dos exigencias de imposible cumplimiento sin que medie una reforma expresa de la Constitución que, en cualquier circunstancia imaginable, se nos presenta muy problemática. No hay, por lo tanto, que caer en la falacia que viene extendiendo la izquierda de que el actual Gobierno y los separatistas catalanes han abierto una vía política que estaba cerrada por la intransigencia de los últimos ejecutivos del Partido Popular. No es cierto en absoluto

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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