Remembranzas. 8. Puesta de largo. 1. Ginkana

Por Carlos de Bustamante

(Carmen saltando )

Ignoro, mis amigos, si hoy se lleva o no esta formalidad propia de tiempos no tan remotos.  A la vista de cómo llegan al matrimonio la mayoría de nuestros jóvenes -que ya no lo son tanto como los futuros contrayentes en la época de la oprobiosa (?) –   no creo estar equivocado si supongo que no.

Y es que, cuando el egoísmo toma la delantera al amor: en eso consiste el pecado. Acontece así, cuando el noviazgo es ‘pareja´ (¿de hecho?) en vez de matrimonio. Pues digo, mis amigos, y no pontifico puesto que la afirmación no es mía: lo que hace cien años era pecado, de la misma forma lo sigue siendo hoy. Otra cosa es que se haya perdido la conciencia de pecado. Para aquéllos que les suceda esto, ya sé que la consideración de referencia, los traerá al pairo. Pues que éstos no sigan o aguanten, pero es así.

Pese al decir general que en esta costumbre es preciso ‘adaptarse a los tiempos´, opino que bien pudiera esta época nuestra similar a la de los primeros cristianos. Aquéllos que extendieron la doctrina al introducirse en la sociedad con profesiones u oficios de la época como la sangre en el torrente circulatorio por venas y arterias.  Así nos toca ahora, digo, hacer a nosotros. De esta forma, y como ellos, iremos dando nuestro tono a la época y sociedad en que nos ha tocado vivir.

Pero aquí no se trata de eso. Os ruego, mis amigos que perdonéis el inciso que poco nada tiene que ver con la referida remembranza.  Me apetecía decirlo, y ya está.

Como quien hace un alto en el camino, para proseguirlo luego con más brío, habréis leído vosotros, mis amigos, “La mirada de Carmen”, título que bien pudiera haber sido la mirada del AMOR. Con mayúsculas, que no es errata, pues quien lleva en su cuerpo y alma recién recibido al Señor, la mirada humana de amor queda divinizada.  Imposible tras lo dicho no traer a colación la cita que sigue   del ‘santo de lo ordinario ´:

“Y ahora, hijos e hijas, dejadme que me detenga en otro aspecto particularmente entrañable de la vida ordinaria. Me refiero al amor humano, al amor limpio entre un hombre y una mujer, al noviazgo, al matrimonio. He de decir una vez más que ese santo amor humano no es algo permitido, tolerado, junto a las verdaderas actividades del espíritu, como podría insinuarse en los falsos espiritualismos a que antes aludía. Llevo predicando de palabra y por escrito todo lo contrario desde hace cuarenta años, y ya lo van entendiendo los que no lo comprendían.

(Carmen en la gymkana )

El amor, que conduce al matrimonio y a la familia, puede ser también un camino divino, vocacional, maravilloso, cauce para una completa dedicación a nuestro Dios. Realizad las cosas con perfección, os he recordado, poned amor en las pequeñas actividades de la jornada, descubrid insisto ese algo divino que en los detalles se encierra: toda esta doctrina encuentra especial lugar en el espacio vital, en el que se encuadra el amor humano”.

Dicho cuanto antecede, vuelvo a la cronología de nuevas remembranzas.

Estamos en Toledo, y Academia de Infantería. La que, en la ciudad imperial y cuna de la Infantería española, sustituyó al glorioso Alcázar. Recinto que, con los que lo defendieron, forjaron una de las más bellas páginas del heroísmo en la historia de España que resulta imposible ocultar. Fue una gesta mundialmente conocida, y no como la reciente ‘memoria histórica´ nos la quiere presentar.

¡Vaya, pues que como me siga enrollando, la puesta de largo se queda en el tintero-teclado!

Como todos los 8 de diciembre, y desde el famoso milagro de Émpel los Infantes celebrábamos por todo lo alto el día de la Inmaculada Concepción.  La nueva Academia   lucía sus mejores galas en el día más señalado del año.

La temperatura suave en Toledo contribuyó al total éxito de la fiesta regalándonos un día espléndido.  Más que apropiado para celebrar en el campo de deportes una ginkana singular. Los mejores jinetes de entre los Caballeros Alféreces Cadetes competían en un exigente concurso hípico. A la vez, sus madrinas, novias por lo general de compañeros y amigos, hacían el suyo con obstáculos que, facilones, la competición hizo exigentes.

Buen jinete mi hermano Paco -de quien mi Carmen era madrina-, obtuvo la mejor calificación de los Caballeros concursantes.  Ágil como una gacela, Carmen hizo su recorrido de pequeños obstáculos tan impecable como el jinete del que era madrina.  Primer premio para ambos de la ginkana. Del Caballero Alférez Cadete, que contempló ensimismado a su `polvorilla´, también recibió el trofeo de la discreta expresión de amor.: “¡muaka!”.

De la comida realmente extraordinaria y otros actos puramente castrenses en los que mi Carmen no fue protagonista, aquí no se trata. Lástima, porque a buen seguro hubiera recibido un montón de muakas.  ¡Que era, ¡ay!, mucha Carmen mi Carmen!

En el próximo, si Dios es servido, podrán poner conmigo el broche de oro a un día irrepetible repleto de emociones:  baile de gala  y puesta de largo  de las `novicias´.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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